Reduce la potencia de la calefacción. Bajando la temperatura sólo 1ºC puedes reducir tu factura entre un 5 y un 10% y evitar hasta 300 kg de emisiones de C02 por hogar y año.
Programa el termostato para que, durante la noche o cuando no estés en casa, baje la temperatura, y cuando te despiertes o vuelvas a casa la temperatura sea agradable de nuevo. Esto reducirá la factura entre un 7 y un 15%.
Reemplaza tus ventanas por unas de doble acristalamiento. Será necesario realizar una inversión inicial, pero reducirá a la mitad la energía perdida a través de las ventanas y te compensará a largo plazo. Si además compras lo mejor del mercado (unidades de doble acristalamiento y marco de madera con vidrio de emisiones bajas y relleno de gas argón) puedes ahorrar más del 70% de la energía perdida.
No dejes escapar el calor de tu hogar. Cuando ventiles la casa, abre las ventanas sólo unos minutos. Si dejas una pequeña abertura todo el día, la energía necesaria para mantener el interior caliente durante los seis meses de más frío (temperatura exterior de 10º C o menos) será de casi una tonelada de emisiones de CO2.
Intala un buen sistema de aislamiento, una de las maneras más efectivas de reducir las emisiones de C02 y ahorrar energía a largo plazo. El calor que se va por las paredes, el tejado y el suelo suele suponer más del 50% del calor perdido en todo el espacio. Aísla los depósitos de agua caliente, las tuberías de la calefacción central y las cavidades de la pared, y ajusta láminas de aluminio detrás de los radiadores.
Mueve tu frigorífico y tu congelador. Si están cerca de los fuegos o de la caldera, consumirán mucha más energía que si están apartados de ellos. Por ejemplo, si se colocan en un sótano donde la temperatura es de 30-35º C, el consumo de energía es casi el doble y provoca una emisión adicional de 160 kg. de CO2 al año en el caso del congelador, y de 320 kg. en el caso del frigorífico.
Bajando la temperatura sólo 1ºC puedes reducir tu factura entre un 5 y un 10% y evitar hasta 300 kg de emisiones de C02 por hogar y año.
Descogela el congelador y el frigorífico periódicamente. Incluso es mejor reemplazarlos por otros modelos nuevos, ya que ahora todos tienen ciclos automáticos de descongelación y son casi dos veces más eficientes que los de antes. A la hora de comprar nuevos electrodomésticos (no solamente frigoríficos, sino lavadoras, lavaplatos, etc.), elige los que tengan la etiqueta europea de Grado A, que significa que son muy eficientes; pero compara también el consumo de energía entre los aparatos de Grado A porque puede variar de unos a otros.
Ten cuidado con las configuraciones que empleas. Si pones el frigorífico al máximo, no sólo consumirás más energía sino que los alimentos no se conservarán frescos tanto tiempo porque pueden estropearse al congelarse.
No pongas en el frigorífico alimentos calientes o templados. Ahorrarás energía si dejas que se enfríen primero.
Comprueba si el agua está demasiado caliente. No hace falta que el termostato del cilindro esté por encima de 60º C. Lo mismo ocurre con la caldera de la calefacción central. Recuerda que el 70% de la energía consumida en los hogares de la UE se gasta en calentar la casa, y otro 14% en calentar el agua.
Averigua tu media de consumo energético y de emisiones de C02 para tus aparatos domésticos.
Apaga
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Dedica unos momentos a apagar los interruptores. Puede parecer insignificante pero si todos los europeos se tomasen el tiempo para hacerlo cada dia, los resultados pueden ser considerables. Revisa los siguientes puntos para incorporar medidas de ahorro energético en tus rutinas diarias.
Apaga las luces cuando no las necesites. Apagar 5 luces en pasillos y habitaciones de la casa cuando no las necesitas puede suponer un ahorro de 60 € al año y puede evitar unas emisiones anuales de 400 kg. de CO2.
Utiliza bombillas de bajo consumo. Una sola de ellas puede reducir hasta 60 € los gastos de electricidad y evitar unas emisiones anuales de 400kg de CO2. Además duran 10 veces más que las bombillas convencionales. Las bombillas de bajo consumo son más caras, pero resultan más económicas a lo largo de su vida útil.
Apagar 5 luces en pasillos y habitaciones de la casa cuando no las necesitas puede suponer un ahorro de 60 € al año y puede evitar unas emisiones anuales de 400 kg. de CO2.
No dejes los aparatos eléctricos en modo stand-by (espera). Utiliza la función on/off del propio aparato. Un televisor que permanece encendido durante 3 horas al día (la media de horas que ven la televisión los europeos) y en modo stand-by las 21 horas restantes, consumirá aproximadamente el 40% de la energía total en el modo stand-by.
Desenchufa el cargador del móvil cuando no lo utilices. Incluso cuando no está conectado al teléfono, consume electricidad. Existen cálculos que señalan que el 95% de la energía se pierde cuando dejas el cargador enchufado todo el tiempo.
Manten el frio con un ventilador. Los aparatos de aire acondicionado consumen mucha energía: un aparato de aire acondicionado en una habitación de tamaño mediano funciona a 1.000 vatios, generando emisiones de unos 650 gr. de CO2; y, además, supone un coste en tu factura de 0,10 € por hora. Los ventiladores son una buena alternativa. Si no, utiliza el aire acondicionado moderadamente y busca los modelos más eficientes.
Utiliza energía verde. Al cambiar a la energía verde, ayudarás a fortalecer las fuentes de energía renovables. En la actualidad, solamente el 14% de la electricidad en Europa se genera a partir de fuentes de energía renovables y respetuosas con el medioambiente, como la energía eólica, la hidroenergía, el biogás, la energía solar, etc... ¡y la demanda crea oferta! También puedes plantearte la posibilidad de colocar paneles solares en el tejado de tu casa.
Utiliza la lavadora o el lavaplatos solamente cuando estén llenos. Si necesitas utilizarlos cuando no están llenos, utiliza programas de carga media o económicos. Tampoco hace falta poner una temperatura alta. Hoy en día los detergentes son tan eficientes que limpian la ropa y la vajilla a bajas temperaturas.
Utiliza la secadora solamente cuando sea absolutamente necesario. Cada ciclo de secado produce unos 3 kg. de emisiones de CO2. Secar la ropa de forma natural es sin duda la mejor manera de hacerlo: la ropa durará más y la energía utilizada es gratis y no contaminante.
Hierve menos agua. Si hierves solamente el agua necesaria para tu taza de té, ahorrarás una gran cantidad de energía. Si todos los europeos hirvieran solamente el agua que necesitan, dejarían de malgastar 1 litro de agua hervida al día. Con la energía ahorrada se podría encender una tercera parte de las farolas de Europa.
Tapa la cazuela mientras cocines. Así ahorrarás mucha energía al preparar el plato. Aún mejor son las ollas a presión y las vaporeras, que ¡ahorran de energía alrededor de un 70%!
Dúchate en lugar de bañarte. Consumirás cuatro veces menos energía. Para maximizar el ahorro energético, evita las duchas a presión y utiliza alcachofas de poco flujo, que son baratas y ofrecen el mismo servicio.
Cierra bien el grifo. Si cierras el grifo mientras te cepillas los dientes, ahorrarás varios litros de agua. El goteo de un grifo puede hacer perder el agua suficiente para llenar una bañera en un mes, por lo que conviene asegurarse de que están cerrados.
Recicla
Comprométete
Comprométete a ser un ciudadano responsable reduciendo tus emisiones de CO2 mediante pequeños cambios en tu comportamiento cotidiano. ¡Convence a tus compañeros de clase para que hagan lo mismo!
Con más gobiernos europeos desarrollando iniciativas de reciclaje, es cada vez más fácil para todos reciclar. Aprende nuevas y sencillas maneras de gestionar los residuos así como de escoger productos y envases que tengan un menor impacto en el entorno.
Lleva los envases de vidrio usados al contenedor y separa el papel y el cartón, el plástico y las latas del resto de la basura. Reciclar una lata de aluminio puede ahorrar un 90% de la energía necesaria para hacer una nueva. Esto supone... ¡9 kg. de emisiones de CO2 por cada kilogramo de aluminio! Por cada kg. de plástico reciclado, el ahorro es de 1,5 kg. de emisiones de CO2; por cada kg. de cristal reciclado, el ahorro es de 300 gr. de emisiones de CO2; y reciclar 1 kg. de papel en lugar de llevarlo al vertedero evita 900 gr. de emisiones de CO2, además de emisiones de metano.
Evita generar residuos. La mayoría de los productos que compramos generan emisiones de gases invernadero de una u otra forma, es decir, durante la producción o la distribución. Llevando tu desayuno en una fiambrera reutilizable ahorrarás la energía necesaria para producir nuevos envases.
Reutiliza tus bolsas de la compra. Utilizar una bolsa reutilizable en vez de aceptar una desechable en cada tienda es una forma de ahorrar energía y de minimizar los residuos. Los residuos no solamente liberan CO2 y metano a la atmósfera, sino que pueden contaminar el aire, el agua subterránea y el suelo.
Una botella de 1,5 l. requiere menos energía para su fabricación y genera menos residuos que tres botellas de 0,5 l
Escoge productos que vengan con poco envase y compra repuestos cuando sea posible; de este modo podrás reducir la producción de residuos y el consumo de energía.
Compra de forma inteligente: una botella de 1,5 l. requiere menos energía para su fabricación y genera menos residuos que tres botellas de 0,5 l.
Recicla tus residuos orgánicos. Los vertederos son responsables del 3% de las emisiones de gases invernadero en Europa, debido al metano que liberan los residuos biodegradables al descomponerse. Si reciclas la basura orgánica o haces abono con ella si tienes jardín, ¡puedes ayudar a resolver este problema! Simplemente asegúrate de que haces abono del modo adecuado, para que se descomponga con el oxígeno suficiente; de lo contrario generará emisiones de metano y un olor nauseabundo.
Camina
Prueba alguna de las siguientes alternativas para ir al trabajo: compartir un coche entre varios compañeros, utilizar el transporte público, caminar o ir en bici,... Por cada litro de combustible que quema el motor de un coche, se libera una media de 2,5 kg. de CO2.
Evita los trayectos en coche cuando se trate de distancias cortas, porque el consumo de combustible y las emisiones de CO2 son muchísimo más altas cuando el motor está todavía frío. Los estudios demuestran que uno de cada dos trayectos urbanos en coche es de menos de tres kilómetros, una distancia que se puede recorrer fácilmente en bicicleta o a pie.
Trata de lavar el coche a mano o con chorro a presión en vez de ir a un lavadero de coches, ya que en estas instalaciones se usa más electricidad y agua que si se hace a mano.
Si vas a cambiar de coche, ten en cuenta el consumo de combustible del nuevo vehículo. De acuerdo con la legislación europea, los fabricantes de vehículos deben informar sobre las emisiones de CO2 y el consumo de combustible de los coches nuevos en los anuncios y en los salones de exposición.
Un coche que consume sólo 5 litros a los 100 km puede ahorrar 750 kg de emisiones de C02 al año.
No calientes el motor del coche antes de salir; la cantidad de combustible que consume en ese momento es mayor que la que ahorras si comienzas el trayecto con el motor frío.
Asegúrate de que los neumáticos tienen la presión adecuada; si la presión baja 0,5 bares, tu coche consumirá un 2,5% más de combustible para superar la resistencia y, por tanto, liberará un 2,5% más de CO2.
Estudia la posibilidad de usar aceite de motor de poca viscosidad. Este aceite lubrica las piezas móviles del motor mejor que los aceites convencionales, y reduce la fricción. Los mejores aceites pueden reducir el consumo de combustible y las emisiones de CO2 en más de un 2,5%.
No lleves un portaequipajes vacío en el coche. Esto puede aumentar el consumo de combustible y las emisiones de CO2 hasta en un 10% debido a la resistencia del viento y al peso adicional, por lo que es mejor retirar el portaequipajes del techo.
No corras: gastarás menos gasolina y emitirás menos CO2. Ir a más de 120km/h aumenta un 30% el consumo de combustible, frente a una velocidad de 80km/h. Las marchas cuarta, quinta y sexta son las más económicas en lo que se refiere al consumo de combustible.
¿Has oído hablar de la eco-conducción? Puedes reducir el consumo de combustible un 5%. Pon en marcha el coche sin pisar el acelerador, sube una marcha cuanto antes y mantén la velocidad constante.
Un vuelo Berlin-Budapest genera entre 200 y 250 kg de emisiones de C02 por persona.
Utiliza el aire acondicionado con moderación. Cuando el aire acondicionado del coche está encendido, el consumo de combustible y las emisiones de CO2 aumentan un 5% aproximadamente.
Prueba a viajar en tren. Una persona que viaja en coche sola produce el triple de emisiones de CO2 por kilómetro que si viajara en tren.
Busca alternativas al avión. Volar es la fuente de emisiones de CO2 que más está aumentando en el mundo. Si viajas en avión, acuérdate de 'compensar' tus emisiones de carbono. Hay organizaciones que calculan las emisiones que has causado e invierten dinero en energías renovables.
Otras sugerencias
Busca aquellos productos que lleven la eco-etiqueta europea con el símbolo de la flor, que significa una mejor actuación medioambiental. Hasta ahora, la eco-etiqueta se ha asignado a 280 productos y servicios respetuosos con el medio ambiente de 25 grupos de productos, como bombillas, detergentes, ordenadores y una selección de aparatos domésticos. Encontrarás mucha más información sobre dónde encontrar la "eco-flor" en http://ec.europa.eu/environment/ecolabel/index_en.htm
Consume productos de temporada y de producción local: es mejor para el medio ambiente, porque los productos cultivados en ecosistemas artificiales o invernaderos requieren una cantidad enorme de energía para mantener las temperaturas. Y transportar productos de un extremo al otro del mundo genera unas 1.700 veces más de emisiones CO2 que transportarlos en camión una distancia de 50 km.
¡Come verdura! Producir carne aumenta las emisiones de CO2 y metano, y requiere una gran cantidad de agua. De hecho, los animales rumiantes, como el ganado, las ovejas y las cabras, son grandes productores de metano debido al modo en que sus sistemas digestivos procesan los alimentos.
Las prácticas forestales insostenibles contribuyen a la deforestación, que es la responsable de aproximadamente el 20% de las emisiones de CO2 en todo el mundo.
Si compras muebles de jardín u otros productos de madera, trata de asegurarte de que la madera proceda de una fuente de gestión forestal sostenible. Los productos que llevan la etiqueta FSC o PEFC (www.fsc.org y www.pefc.org) cumplen estos requisitos. Las prácticas forestales insostenibles contribuyen a la deforestación, que es la responsable de aproximadamente el 20% de las emisiones de CO2 en todo el mundo. De estas prácticas la más habitual es la quema de los bosques, que causa emisiones de CO2 y elimina la capacidad de los mismos para absorber CO2.
Planta un árbol. Un árbol de tamaño medio absorbe unos 6 kg de CO2 al año, por lo que en 40 años absorberá entorno a 250 kg. de CO2.
Si necesitas comprar una nueva fotocopiadora, compra una con sistema dúplex, es decir, que pueda fotocopiar por las dos caras. Si haces las fotocopias en tiendas de fotocopias, pídeles que configuren la máquina de forma que las haga a doble cara. Ahorrarás energía en la producción de papel.
Antes de imprimir un documento o un correo electrónico, piensa si realmente necesitas imprimirlo. ¡Un ciudadano europeo consume unos 20 kg. de papel al mes!
Las agencias reglamentarias siguen clasificando los herbicidas a base de glifosato como “no cancerígeno para el hombre”, pero esta afirmación ha sido recientemente puesta en entredicho por una serie de estudios epidemiológicos. Un estudio canadiense, publicado en 2001, mostraba que unos hombres expuestos al glifosato más de dos veces al año tienen 50% más de posibilidad de desarrollar un linfoma no hodgkinien más que unos hombres nunca expuestos [1].
Resultados similares han sido observados por el equipo sueco de Lennart Hardell, especialista de la dioxina, en un estudio publicado en 2002, que comparaba el estado de salud de 442 utilizadores de herbicidas a base de glifosato con un grupo controlado de 741 no utilizadores [2].
Una hipótesis que se confirma a través de una investigación epidemiológica llevada con unos campesinos del Medio Oeste de Norte América por el Instituto Nacional del Cáncer [3]. Por otra parte, una investigación epidemiológica llevada en los Estados de Iowa y de Carolina del Norte, en los Estados Unidos, sobre más de 54, 315 utilizadores privados y profesionales de pesticidas, sugiere una liga entre la utilización del glifosato y el mieloma múltiple [4].
En Francia, en 2000, el Profesor Robert Bellé, decide estudiar los efectos sanitarios de los pesticidas, y más especialmente los efectos del glifosato en el ciclo celular utilizando el método protocolario llamado “modelo del erizo de mar”.
El descubrimiento del “modelo del erizo de mar”, capital para la comprensión de las fases precoces dela cancero génesis, le valió en 2001 el premio Nobel de Fisiología y de Medicina a los Británicos T. Hunt y P. Nurse y al Norteamericano L. Hartwell, por demostrar que los efectos medidos en una célula del erizo de mar son perfectamente equivalentes por el hombre.
El profesor Bellé descubre entonces que el Roundup afecta la división celular, no los mecanismos de la división misma, pero los que la controlan. Para resumir, las células en presencia de una solución de Roundup proseguían su división, pero el mecanismo afectado era el proceso natural que quiere controlar destruir las células que contenienen una aberración del ADN, lo que pasa seguido en su reproducción. Por estas razones, el Roundup podría inducir las primeras etapas de un cáncer, porque escapando a los mecanismos de reparación, la célula afectada de una aberración va a poder perpetuarse y ser el origen de un cáncer treinta o cuarenta años después.
En fin, sobre estas conclusiones, el Profesor Bellé, agrega: “hemos igualmente conducido el experimento con glifosato puro, o sea sin los coadyuvantes que constituyen el Roundup, y no hemos constatado efectos: es entonces el Roundup que es toxico y no su principio activo. Ahora bien, cuando hemos examinado las pruebas que han servido a la homologación del roundup, hemos descubierto con sorpresa que habían sido conducidos con el glifosato solo. En realidad, el glifosato puro no tiene ninguna función, ni de herbicida, puesto que solo no llega a penetrar en las células y por tanto a afectarlas. Es por eso que pienso que hay un verdadero problema con el proceso de homologación del Roundup y que se tendría que interesarse más en los numerosos coadyuvantes que lo componen así como a su interacción [5].”
El Roundup podría implicar desordenes de la reproducción
Porque es el herbicida más utilizado en el mundo y presente hasta en nuestros platos, el Roundup se volvió el objeto de numerosos estudios científicos para detectar eventuales efectos nocivos en la salud humana a largo plazo.
Uno de los primeros descubrimientos es la posibilidad de un lazo entre la utilización, o la exposición, al Roundup y los desordenes de la reproducción, como los abortos espontáneos, las malformaciones o los desordenes hormonales. De hecho, un estudio publicado por la Universidad de Carleton, sobre familias de campesinos de Ontario, reveló que el uso de glifosato durante los tres meses precedentes a la concepción de un hijo estaba asociada a un riesgo importante de abortos espontáneos (entre la docena y la décimo novena semana) [6]. Asimismo, un laboratorio de la Universidad Tecnológica de Texas ha establecido que la exposición al Roundup de las células de Leydig, colocadas en los testículos y que juegan un papel importante en el funcionamiento del aparato genital masculino, reduce en 94% su producción de hormonas sexuales [7].
En fin, unos investigadores brasileños, han constatado que las hembras ratas preñadas al momento de la exposición al Roundup daban más a menudo nacimientos de bebes con malformación del esqueleto [8].
Un estudio francés realizado por el Profesor Seralini [9], tiende también a concluir que el Roundup sería un perturbador endócrino, provocando una perturbación sobre la “respiración de las células” embrionarias las cuales condicionan la producción de hormonas sexuales, lo que perturba el buen desarrollo del feto. El Profesor Seralini ha buscado alertar las autoridades, pero éstos avisos quedaron en letra muerta, lo que lo lleva a concluir que: “en Francia, como en la mayoría de los países industrializados, no hay interés y por tanto dinero para que los laboratorios conduzcan estudios epidemiólogos o contra peritajes científicos sobre la toxicidad de los productos químicos que han invadido nuestra cotidianidad. Sin embargo, me parece que desde el punto de vista de la salud pública hay una verdadera urgencia, porque nuestros organismos se volvieron verdaderas esponjas para los contaminantes [10].” www.ecoportal.net
[1] Helen H. MCDUFFIE et alii, « Non-Hodgkin’s lymphoma and specific pesticide exposures in men : cross-Canada study of pesticides and health », Cancer Epidemiology Biomarkers and Prevention, vol. 10, novembre 2001, p. 1155-1163
[2] Lennart HARDELL, Michael ERIKSSON et Marie NORDSTRÖM, « Exposure to pesticides as risk factor for non-Hodgkin’s lymphoma and hairy cell leukaemia : pooled analysis of two Swedish case-control studies », Leukaemia and Lymphoma, vol. 43, 2002, p. 1043-1049
[3] Anneclaire J. DE ROOS et alii, « Integrative assessment of multiple pesticides as risk factors for non-Hodgkin’s lymphoma among men », Occupational Environmental Medecine, vol. 60, n° 9, 2005
[4] Anneclaire J. DE ROOS et alii, « Cancer incidence among glyphosate-exposed pesticide applicators in the agricultural health study », Environmental Health Perspectives, vol. 113, 2005, p. 49-54
[5] Le monde selon Monsanto, coédition La Découverte/Arte (2008) p103
[6] Tye E. ARBUCKLE, Zhiqiu LIN et Leslie S. MERY, « An exploratory analysis of the effect of pesticide exposure on the risk of spontaneous abortion in an Ontario farm population », Environmental Health Perspectives, vol. 109, 1er août 2001, p. 851-857
[7] Lance P. WALSH, « Roundup inhibits steroidogen-esis by disrupting steroidogenic acute regula tory (StAR) protein expression », Environmental Health Perspectives, vol. 108, 2004, p. 769-776
[8] Eliane DALLEGRAVE et alii, « The teratogenic potential of the herbicide glyphosate Roundup® in Wistar rats », Toxicology Letters, vol. 142, 2003, p. 45-52
[9] Gilles-Éric SÉRALINI et alii, « Differential effects of glyphosate and Roundup on human placental cells and aromatase », Environmental Health Perspectives, vol. 113, n° 6, 25 février 2005
[10] Le Monde selon Monsanto, Coéditions La Découverte/Arte (2008).
Puede que más de uno piense que lo que viene a continuación se trate del argumento de una película de ciencia ficción o el contenido de alguna novela de terror; sin embargo, debo aclarar que se trata de una historia verídica y actual.
Puede que más de uno piense que lo que viene a continuación se trate del argumento de una película de ciencia ficción o el contenido de alguna novela de terror; sin embargo, debo aclarar que se trata de una historia verídica y actual. Lo concreto: parece que, en Paraguay, los Indígenas ya no encontrarán solución a sus numerosos problemas, a pesar de las buenas intenciones del Presidente Lugo. Naiporâiniko pe mba’e vaiete oikóva hesekuéra. Ha’ekuéra niko oiko asy hikuái ha avave ndohechakuaaséi Ñande Ypykuéra rekove asy.
Desde 1492 los Indígenas que habitaban y habitan América; y en particular, el Paraguay han contabilizado, con ansiedad y dolor, los interminables e inhumanos segundos, minutos, horas, días, meses y años de crueles padecimientos. Desde entonces y hasta hoy han pasado más de 500 años y los sufrimientos y humillaciones, lejos de acabar, se han vuelto más intensos y despiadados. Al momento de producirse el mentado “encuentro de dos mundos”, los Indígenas en Paraguay eran extraordinariamente numerosos; hoy, en cambio, la estadística señala que apenas son cerca de cien mil personas (menos del 2% de la población del Paraguay), que pertenecen a su vez a 17 Naciones o Parcialidades. Lo más triste es que varias de esas parcialidades o naciones cuentan con pocos sobrevivientes, así por ejemplo, los conocidos con el nombre de Chamakokos no pasan de 200 últimos indivíduos; por su parte, los Guana, Sanapana, Angaite y Manjui poseen, cada parcialidad, apenas 400 a 500 últimos miembros. Estas naciones son víctimas de un horrible e imparable etnocidio, que implica la más perversa forma de la muerte, ya que ella no solamente es física sino también cultural. En otras palabras, la desaparición de estos últimos sobrevivientes también sentenciará la desaparición de esas naciones o parcialidades de sobre la faz de la tierra.
Históricamente los Indígenas que habitan el Paraguay han sufrido todo tipo de vejámenes, así, fueron asesinados, cazados, violados, torturados, perseguidos, discriminados, despreciados, postergados, expulsados, reducidos, vendidos, esclavizados. Con el tiempo, sus bosques fueron destruidos por la codicia de los grandes y poderosos terratenientes o latifundistas (declarados y encubiertos) dueños de grandes extensiones de tierra en el Paraguay. Hoy las comunidades indígenas ya no son dueñas de aquellas tierras que tiempo atrás eran de su propiedad. Ellos fueron expulsados de sus tierras por esta jauría de mercaderes de la naturaleza. Hoy, sin los animales silvestres, sin sus árboles y enormes bosques, sin la miel, sin los cursos cristalinos y sanos de agua; ellos se ven obligados a abandonar sus antiguos asentamientos y volcarse a la gran ciudad para mendigar un pedazo de pan. Nadie les tiene consideración. Son poco menos que animales. La degradación es tan grande al punto que adultos y niños deben hasta prostituirse para obtener el pan diario. Es vergonzoso y vergonzante ver a niños indígenas tan pequeños, semidesnudos, expuestos al calor, la lluvia o el frío, en alguna esquina Asuncena pidiendo una moneda o un pedazo de pan.
Yo creí que con el advenimiento del nuevo gobierno en el Paraguay muchos de esos terribles padecimientos indígenas por lo menos se reducirían. El día de la asunción presidencial, muchos fuimos los que sentimos una gran satisfacción cuando por primera vez en la historia veíamos que una mujer indígena asumía la presidencia del Instituto Nacional del Indígena (INDI) y, al mismo tiempo, escuchábamos al nuevo Presidente de la República anunciar un plan de acompañamiento a las sufridas comunidades Indígenas del Paraguay. Sin embargo, han pasado siete largos e inacabables meses y prácticamente no se ha hecho nada por mejorar la situación de los mismos. La reivindicación de una vida digna para las comunidades indígenas está aún muy lejos; y hoy, así como están las cosas, creo -sin ser pesimista- que ya no será posible pues no existe voluntad política ni para dignificar las condiciones de vida de los Indígenas ni para el mejoramiento del Paraguay en general. La mayoría de los políticos está lejos de querer trabajar por la justicia y el bienestar social. De hecho que hay excepciones, pero en este caso -cuando se trata de la búsqueda del bien común- las excepciones no tienen sentido y NO valen. Rencillas personales, enfrentamientos, divisiones, pujas inacabables por el poder, etc. son la constante en los tres Poderes del Estado Paraguayo. Las autoridades viven enceguecidas por el poder y ya no atinan a observar las necesidades de la gente común del Paraguay; y mucho menos, las necesidades que padecen los Pueblos Indígenas.
Así las cosas ¿Para qué sirve el INDI (Instituto Nacional del Indígena) en su condición actual?, pues… para nada. Incluso los propios indígenas no se dan cuenta de que esa institución, sumida en la más absoluta precariedad y abandono, nunca será la solución a las necesidades indígenas. La problemática indígena es tremendamente complicada y para su solución requiere de sumas varias veces millonarias; y -a fuerza de ser sinceros- eso dinero el Paraguay no lo tiene. Es más -siendo más sinceros aún- la problemática Indígena no fue y no es la prioridad del Estado. Esta afirmación nos conduce a una conclusión “difícil de digerir” pues parece que ya no existe ni existirá solución para los problemas indígenas. El INDI es apenas una burda excusa para mentir a los indígenas y mantener por algún tiempo más la “ilusión” de ellos de acceder a una vida digna y sobre todo de volver a vivir a sus anchas; es decir, como vivían antes de la llegada de los conquistadores. Lastimosamente eso, en las condiciones actuales, ya no será posible. La situación se volvió insostenible. Ellos ya no pueden ni podrán reunirse en su templo a cumplir con su ritual del ñembo’e jeroky. Las sonajas y las takuaras ya no pueden sonar. Ya no pueden beber su kaguy (chicha). Ya no pueden reunirse en asambleas. Ya no pueden cumplir regularmente con ninguno de esos ancestrales principios sagrados y comunes a prácticamente todos ellos. Y pensar que esos principios son la razón de sus vidas. Hace tiempo que los Indígenas comenzaron a borrarse y a sobrevivir en esta amenazadora oscuridad. Se hicieron invisibles a nuestros sentidos (están pero no están), de ahí que nosotros nos hicimos insensibles a sus padecimientos. Cada vez que los Indígenas aparecen reclamar los daños y perjuicios de la degradación inhumana a la cual los sometimos, alguien o algunos se encarga/n de levantar la alfombra y meterlos debajo, como esa molesta e indeseada basura va a parar bajo esa fina alfombra, que cubre nuestras miserias. Creo también que hay autoridades que están “bombeando” al Presidente, pues él dice una cosa en este asunto y otros se encargan de desmentirlo.
Como decía anteriormente, y siendo sinceros, el presupuesto del INDI apenas contempla el pago de sueldo para sus empleados. El presupuesto del INDI no sirve ni servirá para las grandes obras sociales tendientes a dignificar la vida de los Pueblos Indígenas, tales como, adquisición de tierras, construcción de viviendas, atención sanitaria, cobertura educativa incluyendo la planificación de un modelo educativo consecuente y respetuoso de la propia identidad cultural de cada una de las Comunidades Indígenas. El presupuesto que el Estado Paraguayo le asigna al INDI es una burla que solamente apunta a prolongar un poco más en el tiempo la triste ilusión de estos hermanos que sueñan con días mejores, pero que -así como están las cosas- ya no será posible. Naiporâi umi mba’e vaiete ojejapóva hesekuéra. Naiporâietevoi.
Hace unos días, cuando la primera mujer indígena nombrada para presidir el INDI, fue destituida; el Presidente de la República anunció la realización de un gran Congreso Indígena, en la capital del país, para elegir, ellos mismos, al futuro Presidente del INDI. Para cumplir con ese propósito, el Estado desembolsaría mil ochocientos millones de guaraníes. Demás está decir que una gran ilusión se apoderó de los Indígenas. Por fin, elegirían a uno de entre ellos para dirigir la institución que los representa. Sin embargo, unos días después, esa idea fue sustituida por otra: que en cada comunidad se haría las elecciones, sin tener que venir a la capital. Molestos por el incumplimiento de la primera palabra empeñada, los Indígenas decidieron venir desde distintos puntos del país hasta Villa Hayes, ciudad próxima a la capital. Allí desarrollaron su congreso que contó incluso, por unos minutos, con la presencia del Presidente de la República. Allí estuvieron, como siempre, en condiciones absolutamente precarias, sin alimentos, sin agua que beber, como animales; expuestos a 45 grados centígrados de calor. Después de iniciado el congreso, se enteraron que el gobierno no reconocería las resoluciones del mencionado congreso. Una vez más fueron engañados, manoseados y degradados. Una desilusión más que debían sumar a las millones de desilusiones que cargan en sus hombros desde hace más de 500 años. Una vez más, nosotros (los dueños de ellos, los dueños de la verdad, los dueños de sus vidas) resolvíamos a nuestra manera lo que a ellos les conviene.
Entre tanto, en algunos canales de televisión y radioemisoras, algunos periodistas mendigaban agua potable, comida, ropa y medicamentos para los Indígenas participantes del Congreso desautorizado. Esto fue dantesco. Al fondo se observaba a algunas mujeres lavando sus ropas en un sucio tajamar y algunos niños bebiendo agua en ese mismo tajamar.
Llamativamente, durante los días previos y durante el congreso, mucha gente protestó por los miserables mil ochocientos millones de guaraníes que el congreso costaría. Más de uno dijo que los indígenas no merecían ese “regalo”, más aún tomando en cuenta que ellos son unos haraganes, oportunistas, borrachos, sinvergüenzas; en fin, la escoria de la humanidad; pero nadie recordó a los miles de ladrones de “guantes blancos” que han robado al Paraguay millones de veces más (en dolares) que los miserables mil ochocientos millones de guaraníes solicitados por los Indígenas. Nadie se acordó de los grandes coimeros de la administración pública, de quienes han robado en la aduana, en puertos; ni de los grandes traficantes de drogas; ni de las millonarios saqueos en los Ministerios y entes del Estado. Nadie maltrató a estos bandidos de guantes blancos, nadie los trató de haraganes, o de oportunistas, o de sinvergüenzas. Es más, muchos de ellos han recuperado su imagen impoluta, y hoy ocupan importantes cargos en la administración del Estado. Por otra parte, estoy seguro que en cualquier congreso partidario se gastó mucho más de mil ochocientos millones de guaraníes y de hecho nadie nunca dijo nada, y sus organizadores y participantes no fueron tratados de haraganes, oportunistas o sinvergüenzas. Esta situación, evidenció que la sociedad paraguaya sigue siendo xenofóbica, sigue siendo racista, sigue tratando a los Indígenas maliciosa y peyorativamente. La ocasión sirvió para sacar a relucir viejos, infundados e inacabables prejuicios que existen hacia los Indígenas. En el fondo, el reclamo ciudadano no fue por los mil ochocientos millones de guaraníes sino que la circunstancia se convirtió en un espacio para denostar a los Indígenas, para recordarles que no son gente, para recordarles que siguen siendo puercos, haraganes, oportunistas y sinvergüenzas; que son despojos humanos. Nadie entiende ni quiere entender que ellos son distintos a nosotros, y que tienen derecho a su identidad. Ellos tienen una concepción diferente de la vida, del trabajo.
De remate, cuando concluyó el Congreso Indígena, los líderes solicitaron al gobierno el pago de los mil ochocientos millones, para cubrir el alquiler de camiones (ni siquiera ómnibus) para el retorno (transportados como vacas) a sus lejanos asentamientos y para cubrir alguna necesidad básica (alimentos y medicamentos). Ante el pedido -y sin entrar a considerar la humillante e inhumana situación que atravezaban los Indígenas- en tono burlón y soberbio, el representante del gobierno dijo que los indígenas no recibirían la suma mencionada y que ellos aprendieron bastante bien todas las artimañas de los políticos paraguayos. Ante este hecho, los Indígenas resolvieron sitiar dos plazas céntricas de Asunción (la plaza Uruguaya e Italia) para protestar ante este nuevo atropello. Es seguro, ante esta nueva oportunidad creada para denigrarlos, que ellos estarán expuestos a la consideración ciudadana sin agua, sin sanitarios, en el suelo. En unos días más, ellos se convertirán, una vez más, en una pestilente molestia para más de un ciudadano capitalino, y en una razón para que la ciudadanía reclame su expulsión de esos sitios. Son como pelotas sin manija. Son desterrados continuamente, de un lugar a otro; sin importar que sean ancianos, bebés, niños o mujeres, muchas de ellas embarazadas. De esto se deduce que el calzado nunca nos molestará mientras no nos apriete.
Para “completar” esta dolorosa tragedia, uno de los canales de televisión, mostraba la imagen más perversa de la degradación humana: un niño Indígena Mbya Guarani, huérfano, de aproximadamente 2 años de edad, con apenas 5 kilogramos de peso. El mismo vive en una lejana comunidad del Departamento de Ka’aguasu, llamada Mcal. López. Su padre adoptivo quien vino para participar del Congreso Indígena, lo trajo consigo. El niño se encontraba hospitalizado en el Centro de Salud de Villa Hayes, víctima de un cuadro severo de desnutrición. Hasta hoy, en el Paraguay, nunca había vista una imagen tan desgraciada como esa. Solamente me tocó ver algo parecido en algunos informes procedentes de Africa. En la criatura se apreciaban perfectamente todos los huesos del cuerpo, cubiertos por fina y trasparente piel. En otras palabras, piel y huesos. Diego es su nombre y se debate entre la vida y la muerte. ¿Qué hizo el Estado?. Nada. Al pié del informe periodístico anunciaban unos números de teléfonos a los cuales podían llamar las “almas caritativas” a donar leche, pañales y ropitas. Diego no existe para las autoridades y creo que tampoco existe para Dios. Así es cuando me pongo a pensar ¿porqué por lo menos Dios no les hace caso a los Indígenas?. ¿Porqué no hace algún milagro?.
La dolorosa imagen de Dieguito es también la verdadera imagen de los indígenas: cruel, despojada, miserable, degradada, inhumana…
Hace mucho tiempo que el ATENEO DE LENGUA Y CULTURA GUARANI viene denunciando los padecimientos que sufren los hermanos Indígenas que habitan el Paraguay, pero nadie escuchó nuestros lamentos. Hemos aportado lo que pudimos. Procuramos crear conciencia en la ciudadanía al respecto, ya sea en reuniones, congresos, instituciones educativas, y en Internet (varias de nuestras denuncias han sido reproducidas en numerosos sitios de todo el mundo). El ATENEO DE LENGUA Y CULTURA GUARANI no tiene los recursos; en otras palabras, no tiene dinero, solamente está imbuido de buenas intenciones. Lastimosamente, en esta problemática las buenas intenciones no sirven para nada.
Es urgente y perentorio que las autoridades nacionales hagan algo a favor de los Pueblos Indígenas; ya que si eso no ocurre, el fin de los tiempos se acercará más raudamente a ellos. Los Indígenas están tocando fondo y eso es trágico. Por eso digo -así como están las cosas- que, en Paraguay, los Indígenas ya no encontrarán solución a sus numerosos problemas, a pesar de las buenas intenciones del Presidente Lugo. Naiporâiniko pe mba’e vaiete oikóva hesekuéra. Ha’ekuéra niko oiko asy hikuái ha avave ndohechakuaaséi Ñande Ypykuéra rekove asy. www.ecoportal.net
Docente universitario. Presidente (Director General) del ATENEO DE LENGUA Y CULTURA GUARANI. Profesor, Licenciado y Magister en Lengua Guarani. Escritor bilingüe. Traductor público.
El tema que hemos propuesto para este año es los humedales y el manejo de las cuencas hidrográficas. Todos vivimos en una cuenca hidrográfica (por otros nombres, cuenca de drenaje, de captación, parteaguas, etc.) y la mayoría de quienes lean estas páginas conocen perfectamente los desafíos que plantea su manejo –en particular, el de lograr que los encargados de las actividades de planificación de las cuencas no tengan sólo en cuenta el agua–
Los humedales nos conectan a todos
Esperamos que el Día Mundial de los Humedales de este año, el 2 de febrero de 2009 o una fecha cercana a él, sirva de oportunidad a la gente para reflexionar sobre su propio humedal y las interconexiones que mantiene con el entorno que lo circunda, examinando cómo beneficia el humedal a su entorno y, claro está, cómo pueden influir en el humedal las actividades que se llevan a cabo en toda la cuenca hidrográfica correspondiente.
El lema que hemos propuesto para este año –"Aguas arriba – Aguas abajo"– recoge esta idea de que todos estamos interconectados dentro de la cuenca hidrográfica, de cómo pueden repercutir en nosotros las actividades de quienes viven aguas arriba de donde vivimos nosotros y de cómo nuestras actividades repercuten en quienes viven aguas debajo de nosotros.
La Convención ha consagrado mucha energía a lo largo de muchos años a dar orientaciones sobre cómo manejar las cuencas hidrográficas porque se trata de una cuestión realmente vital: la buena gestión de un sitio puede verse contrarrestada rápidamente por decisiones erróneas acerca de cómo manejar el agua en toda la cuenca. Si bien los encargados de los humedales deben cooperar en todos los planos con los encargados del agua, el plano de la cuenca probablemente sea el que más problemas plantea.
Además, hay otra dimensión que debemos tomar en cuenta, la de aumentar la sensibilización de todas las personas respecto de sus cuencas hidrográficas. No nos referimos sólo a los planificadores, sino también a los usuarios, y todos somos usuarios del agua de cuencas hidrográficas. Quienesquiera que seamos –campesinos, pescadores, dueños de fábricas o familias–, nuestras actividades producen un impacto en la cuenca en que vivimos, motivo por el cual el eje del Día Mundial de los Humedales de 2009 es lograr que difundir un mejor conocimiento de cómo funciona una cuenca hidrográfica, de las repercusiones a que dan lugar los usuarios –y quienes la usan indebidamente– y de los desafíos que entraña el buen manejo.
Más no será sólo el eje del Día Mundial de los Humedales. En la próxima COP10 de Ramsar, que tendrá lugar en octubre de 2008, un importante proyecto de resolución que será sometido a debate serán los lineamientos refundidos de la Convención sobre los humedales y el manejo de las cuencas hidrográficas.
Dicho esto, ¿qué producirá la Secretaría este año para ustedes, nuestros colaboradores en la celebración del Día Mundial de los Humedales?
Como en años anteriores:
Un cartel del Día Mundial Pegatinas del Día Mundial Una sorpresa para que los jóvenes hagan algo por sí mismos (ya hicimos un pez, tortugas... ¿Qué será esta vez?)
Y además:
10 cosas sobre las cuencas hidrográficas que todo el mundo debería saber – Notas informativas sobre el tema
Una breve animación sobre el tema
20 preguntas sobre las cuencas hidrográficas, destinadas a los jóvenes
Y acaso más…
Notas informativas:
10 cosas que todo el mundo debería saber sobre las cuencas hidrográficas
Tienen por finalidad "sentar las bases" que precisan los organizadores de actos del Día Mundial, llevándonos a todos a la misma página y puede que generando algunas ideas acerca de en qué podrían decidir ustedes centrarse en su celebración del Día Mundial. No se preocupen: los campos temáticos que figuran a continuación no se tratarán con excesivo detalle y se reducirá al mínimo la jerga técnica.
1. Los humedales, el agua dulce y las cuencas hidrográficas
Sección introductoria en la que se explica cómo el agua dulce es el recurso crítico del que depende toda la vida y se nos recuerda que son los humedales los que captan agua y nos abastecen de ella a todos, por lo que los humedales son un factor esencial a tomar en cuenta en todo análisis de las cuencas hidrográficas.
2. ¿Qué es una cuenca hidrográfica?
Todo el mundo vive en una cuenca hidrográfica, que forma parte de nuestra dirección ecológica. Ahora bien, ¿qué es una cuenca? En esta sección se definirá qué entendemos por esa palabra.
3. Aguas arriba-aguas abajo: todos estamos conectados
Podemos cambiar lo que sucede en nuestra cuenca hidrográfica, para bien o para mal, con lo que hagamos a los recursos naturales de la cuenca. Nuestro comportamiento puede repercutir en el suelo, el agua, el aire, las plantas y los animales. Y todo lo que hagamos acabará por repercutir aguas abajo (y alguna vez, incluso aguas arriba).
4. Los humedales: sus funciones ecológicas e hidrológicas
Los elementos fundamentales. Exponiendo los diversos papeles que desempeñan los humedales en las cuencas hidrográficas, esta sección examinará brevemente las funciones hidrológica y ecológica de los humedales en el seno de las cuencas hidrográficas.
5. ¿Quién está a cargo?
¿Quién decide cómo se maneja la cuenca hidrográfica en que viven ustedes? En esta sección examinaremos el manejo de las cuencas hidrográficas, describiendo brevemente el manejo integrado de las cuencas hidrográficas y el manejo integrado de los recursos hídricos, en tanto que métodos habituales para abordar este desafío.
6. Participar
Para que el manejo de las cuencas dé buenos resultados es necesaria una amplia participación de los interesados directos. ¿Qué se entiende por interesado directo? ¿Lo son ustedes? ¿Qué papel pueden desempeñar los interesados directos en el manejo del agua y de los humedales?
7. La escasez de agua
Todo el tiempo se oye hablar de la escasez de agua, pero, ¿qué significa en diferentes continentes, en distintos países? ¿A qué se debe? ¿Qué podemos hacer para remediarla? ¿Puede ser útil el manejo integrado de las cuencas hidrográficas?
8. Las repercusiones de los habitantes de las ciudades
Quienes viven en las ciudades ejercen grandes presiones sobre las cuencas hidrográficas: necesitan agua, producen desechos, sus edificios y vías de comunicación crean superficies enormes que son impermeables, y todo ello repercute en la calidad del agua dulce y en la diversidad biológica que ella sustenta aguas abajo.
9. Cuestiones transfronterizas
Los sistemas de humedales transfronterizos plantean problemas especiales a los encargados de los humedales. Hay por lo menos 261 cuencas que atraviesan fronteras nacionales, de manera que el desafío es grande y, además, mundial.
10. Las principales amenazas que pesan sobre las cuencas
Muchas actividades constituyen otras tantas amenazas para las cuencas hidrográficas. Según algunos expertos, las más importantes, por el impacto que causan, son las seis siguientes: las presas y la infraestructura, la extracción excesiva de agua, el cambio climático, las especies invasoras, la pesca excesiva y la contaminación. www.ecoportal.net
Para más información: Secretaría de la Convención de Ramsar www.ramsar.org
Observemos que no se concibe pueblo alguno sin soberanía alimentaria. Pueblo que no se alimenta a sí mismo desaparece, así de sencillo. Así, durante milenios o millones de años. Es la relación imperial o colonial la que configura sociedades sin soberanía alimentaria. Ya sea porque le roban sus productos (como la India despojada por los ingleses) o porque la obligan a hacer una única producción para la metrópolis: así Cuba o la Dominicana, con el azúcar; Sudán, con el algodón, Burkina Faso, con el maní. Y el monocultivo es la garantía no solo del bienestar de las metrópolis que reciben distintos alimentos de diversos lugares, sino también del hambre local, del país monoproductor.
Empiezo por una declaración no sé si de principios, de guerra o de realidad: no soy guevarista, pero algo que hace cuarenta años decía Guevara sigue pareciéndome de enorme vigencia, como entonces: EE.UU. es el enemigo de la humanidad. Obvio aclarar que no nos referimos a sus habitantes; los hay tan excelentes como en todas partes, sino a la configuración política. Imperial. Con una peculiaridad: se trata un imperio con mentalidad imperial o imperialista (1) en sus capas dominantes y mentalidad democrática en su población (allí está su genial movida). Un corolario se desprende de esa peculiaridad: todos los imperios se valen del sector cipayo del país colonial para extender y afianzar su poder. EE.UU., por cierto, no es excepción, pero la población cipaya en este caso hace como Monsieur Jourdain, que escribía en prosa sin saberlo, es decir es cipaya y se siente increíblemente patriótica. Pero no patriota de la metrópolis sino de su patria vendida. Un solo ejemplo: Carlos Omar Menem, que probablemente no tenga un solo proyecto más de ley en todo su paso por el Congreso Nacional argentino, escribió sí uno para establecer que los integrantes de todo seleccionado deportivo que jugara en el exterior debía llevar su mano derecha a la parte izquierda del pecho cada vez que se cantara el himno argentino, en las habituales ceremonias iniciales. Lo hizo a mediados de los ’90, uno de los momentos de mayor enajenación, espiritual y material, de Argentina.
Ese imperio, entonces, se nos ha ido imponiendo a través de medios culturales, comunicacionales, tecnológicos, aparentemente no ideológicos; el auto, las rubias oxigenadas (en Japón en la posguerra hubo una cascada de japonesitas que se hacían cortar los tejidos que sesgaban sus ojos, para “parecerse” a las norteamericanas, así como en la década del ‘30 en EE.UU. hacía furor el planchado de las cabelleras afros, para eliminar motas y rulos y ver si se asemejaban a los wasp...
De ese modo, EE.UU. nos ha ido y nosotros nos hemos ido haciendo a su imagen y semejanza. Pero, claro, siempre de segunda. Porque la basura que “hacemos” no es tanta ni tan llamativa como la que hace Nueva York, aunque durante el menemato, Buenos Aires llegara a ser una de las ciudades con más desechos domésticos del planeta, (aventajando a todas las europeas y a la rioplatense Montevideo). Porque las “rubias” de por aquí son más teñidas todavía que las de por allá, porque ni con el endeudamiento madeinMenem llegamos a tener tantos autos per cápita como EE.UU. De segunda, pero con una tendencia a la imitación, arrolladora.
Tomemos el ejemplo del automovilismo: las rutas producen 70 veces más muertos por millón de pasajeros que los trenes y sus vías, y una proporción similar de contaminación aérea. Pero es el auto con motor a explosión y no el tren o la bicicleta lo que se ha impuesto. Simplificando, el awol es espectáculo, petróleo (en rigor, nafta y plásticos), use-y-tire y soja.
El sistema de la soja
La soja tuvo una inteligentísima prensa. EE.UU. cuenta con verdaderos ejércitos de lavacerebros que planifican y trabajan a largo plazo.
¿Recuerdan la historia con el aceite de oliva? Cuando en EE.UU. comienza la producción a gran escala de aceite de maíz, investigadores descubren, justo entonces, una enorme cantidad de desventajas nutricionales del aceite de oliva, mucho más pesado que el de maíz, y por lo tanto más indigesto, etcétera. El aceite de oliva contaba con una tradición milenaria en el Mediterráneo y para colmo, de excelentes comidas. Pero la ciencia es la ciencia. Tardaron casi dos décadas en aparecer nuevas investigaciones que desmintieron la “leyenda negra” tan oportunamente surgida sobre el aceite de oliva, y volver a reconocer que era de mucha mejor calidad para frituras que el de maíz (y que casi todos los otros aceites comestibles) y que su cantidad de grasas no saturadas lo reponían entre los más saludables.
Bueno, cuando uno incursiona en la aparición de la soja, coteja datos, poco a poco aparece la duda de si la soja no sufrió también una operación. En este caso, la inversa, de lavado de imagen. De RR.PP. En Argentina se la conoce desde hace unos 30 años y vino de la mano de la dietética más cuidada. Como la solución proteica para los vegetarianos. Y por mucho tiempo, como una comida de selección, de gente consciente, de minoría que sabe. Para colmo, cuando se expande la soja transgénica, hace menos de diez años, aparecerán más “realces”: se le llamará “leche” al jugo de soja cocida (que no tiene una gota de calcio) y “brotes de soja” a una presunta maravilla nutricional que son brotes de porotos mung.
Eduardo Vior, un investigador politólogo argentino durante una larga estadía en Alemania, hizo una historia de la soja y yo resumo aquí algunos de sus rasgos (2):
• se la conoce desde hace milenios, en China. Hacia 1900, la única soja que se exportaba provenía de Manchuria (un país incorporado a la República Popular China). ¿Qué países importaban entonces? EE.UU. y Alemania.
• En EE.UU. se empieza a producir soja hacia 1920. Se la investiga como fuente vegetal y por lo tanto mucho más barata de proteínas. La guerra creó preocupación en EE.UU. por conseguir autonomía en el suministro de proteínas. Una política que construye la soberanía alimentaria… propia.
• En 1949, con la revolución y el cambio de régimen en China, con el advenimiento de la República Popular, se terminan las exportaciones manchúes. O chinas. Y EE.UU. se transforma en el único exportador mundial de soja. De la proteína más barata del mundo.
• EE.UU. gravó la importación de aceite de coco y así se estabilizó, se afianzó la producción propia de aceite de soja (son dos aceites de segunda, pero bien baratos).
Al fin de la 2GM, EE.UU. inaugura el Plan Marshall. Que cumple dos funciones básicas, señaladas también por Vior: reduce los excedentes agrícolas de EE.UU. y convierte la ayuda alimentaria en un instrumento de política exterior.
En ese momento, podemos ver que hay una primera fase de ese uso. La ayuda alimentaria es para atender el hambre de los países amigos o para evitar que un país se convierta en enemigo. Es el caso de Italia con el trigo: allí, los comunistas tenían grandes posibilidades de adueñarse del gobierno democráticamente (por décadas, el Partido Comunista Italiano iba a ser el más grande de los países “occidentales”). El hambre de posguerra hacía estragos, particularmente en un país vencido, como Italia. La Iglesia Católica anuda una “movida” con los organismos correspondientes de EE.UU. para hacer una enorme operación de distribución de trigo estadounidense entre los necesitados. Se va ajustando el timing de la operación “Trigo” con el de las elecciones y finalmente, por escaso margen triunfan los democristianos (el partido de la Iglesia Católica) sobre los comunistas.
Más adelante, sobreviene una segunda fase de esa política exterior e imperial, cuando EE.UU. la amplía hacia países empobrecidos (que se siguen empobreciendo, pese a todas las definiciones del “desarrollo”). Se trata de la política alimentaria para los países coloniales más o menos ex-. Hay una frase tenebrosa de un jerarca estadounidense en los ‘70:
“Proveer a un país de alimentos simplemente porque sus habitantes se mueren de hambre, ésa no es razón de peso” (3) que da la pauta del desplazamiento del alimento a instrumento o arma de chantaje.
Podríamos agregar que con los transgénicos esa segunda fase tiene una vuelta de tuerca: los alimentos como arma ya estaban presentes pero con los desarrollos de la ingeniería genética se estrechan brutalmente los márgenes de autonomía.
Es lo que expresa, precisamente, Paul Nicholson, secretario de la Vía Campesina, la internacional de los campesinos fundada bien a fines del s. XX:
“Los mercados alimentarios son un arma de destrucción masiva” (4).
Citemos una vez más a Moore Lappé, ahora sus palabras:
“La visión tecnicista del aumento de producción ha modificado profundamente a la agricultura, convirtiendo un sistema muy complejo y autónomo en un sistema archisimplificado y dependiente.” (ibíd., cap. 19).
Observe el lector que esta apreciación de Moore Lappé es de los ’70, antes de la implantación de la ingeniería genética a la agricultura, que se desplegará masivamente en los ’90 y ya con los laboratorios “pioneros”, como Monsanto, procurando despegarse del quemante y poco atractivo término de “ingeniería genética” (o transgénicos), que usaran inicialmente, y rebautizando sus “adelantos técnicos” como “biotecnología” y “ciencias de la vida” [sic] y usando como logo el beatlish y poético Imagine.
Con el Plan Marshall, EE.UU. logra que Europa incorpore la soja como forraje clave para su producción ganadera.
Vior aclara que: “EE.UU. llega a enviar al exterior hasta tres cuartas partes de sus exportaciones de trigo y de soja en concepto de ‘ayuda’.” De este modo, destruyeron los sistemas de producción agraria de los países receptores y reorientaron las costumbres alimentarias de acuerdo con el modelo estadounidense (está hablando de fines de los ‘50).
Hay un ejemplo paradigmático de este tipo de neocolonialismo alimentario: Corea del Sur. Corea es uno de los estados nacionales que la puja EE.UU.-URSS y particularmente la política estadounidense de escindir a los países escindibles, según los consejos de Samuel Huntington, se parte al medio.
La Corea sureña queda dentro de la esfera de influencias estadounidense. Su seguridad geopolítica queda muy atada a las estrategias de EE.UU. Y todos los esfuerzos de la población llana por vivir mejor van a ser violentamente reprimidos, década tras década, encarcelando y asesinando huelguistas y opositores a la política nacional… estadounidense. Una vez colonizados ideológicamente, llegó el turno del dominio material, y poco a poco, Corea del Sur, pasó a recibir crecientes importaciones de trigo estadounidense. Junto con el trigo, vinieron los dispositivos industriales y comerciales y Corea del Sur fue literalmente invadida por comida chatarra, con pan blanco elaborado industrialmente con enorme dotación de aditivos químicos, el típico “americano”. La producción de arroz entró lógicamente en crisis, que resultó irreversible: Corea del Sur estaba también alimentariamente colonizada.
El agrónomo colombiano Hernán Pérez Zapata analiza el proceso de dependización alimentaria en su país. Señala, entre otras “armas” que EE.UU. “brinda a Colombia trigo a una tasa (inicial) bajísima, del 2% anual, contra la cual los productores locales no pueden competir, y por lo tanto va languideciendo la producción local y, así, al cabo de unos años, un país que tenía una total autonomía alimentaria se ha convertido en un país que la ha perdido (5).
Ni siquiera cabe la pregunta ingenua: ¿eran tan buenos que se pasaban cosechando para otros? No, era una política. El estado yanqui les compraba TODA la producción a sus granjeros a precios tentadores y luego una buena parte la dedicaba a esta geopolítica.
Una política que destruye la soberanía alimentaria... ajena.
Observemos que no se concibe pueblo alguno sin soberanía alimentaria. Pueblo que no se alimenta a sí mismo desaparece, así de sencillo. Así, durante milenios o millones de años. Es la relación imperial o colonial la que configura sociedades sin soberanía alimentaria. Ya sea porque le roban sus productos (como la India despojada por los ingleses) o porque la obligan a hacer una única producción para la metrópolis: así Cuba o la Dominicana, con el azúcar; Sudán, con el algodón, Burkina Faso, con el maní. Y el monocultivo es la garantía no solo del bienestar de las metrópolis que reciben distintos alimentos de diversos lugares, sino también del hambre local, del país monoproductor.
Un ejemplo paradigmático es Egipto, porque en su caso vemos además la proyección geopolítica o geoestratégica de lo acontecido:
En 1965 culmina un proceso de “formidable modernización”: llegaba a su término la entonces represa hidroeléctrica más grande del mundo, la de Assuan, todavía en tiempos de Nasser. Con ella, Egipto iba a entrar a la era de la suficiencia energética. Entró en primer lugar, sin embargo, en una serie de anegaciones con las que se perdieron sitios de increíble valor arqueológico, porque eran el asiento de enormes construcciones de la Nubia clásica. Se sacrificaba historia, cultura de museo, por modernidad concreta, práctica. La cosa empezó a ponerse más difícil cuando la enorme represa empezó a retener, en el fondo de su lago el valioso limo del Kilimanjaro, del corazón africano, con el cual las riberas del Nilo se tonificaban anualmente en las bendecidas inundaciones con las cuales durante milenios el valle del Nilo fue un lugar fértil y gracias al cual floreció una de las primeras “civilizaciones”. Egipto empezó a tener lo que bíblicamente se llaman períodos de “vacas flacas”, pero con un agravante: no era algo cíclico. No iba a pasar luego de siete años…
Una población en expansión demográfica prodigiosa, o suicida, empezó a ver sus pies de barro, que paradójicamente era lo que desaparecía… Si bien la represa de Assuan iba a impedir las grandes inundaciones que cíclicamente arrasaban los cursos inferiores del Nilo, lo que empezó a ocurrir, fue una derivación grotesca e impensada del proyecto. Al mermar la corriente del Nilo, el Mediterráneo empezó a ingresar corriente arriba salinizando ancestrales tierras de cultivo. Menos limo, más sal: pésima conjunción.
Para millones de seres humanos y sus respectivos hábitat se alteró el régimen de vida, de micro- y macrofauna y flora, de manera irreversible.
EE.UU. vino en su ayuda. No es preocupéis: nosotros le suministraremos el trigo faltante.
Egipto fue entrando así en el indigno régimen “del barco a la boca”, según el cual la población puede volver a encontrarse con el trigo cuando sale del puerto… no de los graneros o del campo.
EE.UU. empezó a tener la política de Egipto en un puño. Volvió a ser el país dependiente que Nasser había procurado abolir. Muy probablemente el “conciliador” papel de Egipto con Israel tenga una fuerte relación con esa dependencia atroz a la que Egipto está sometido desde que perdió, su capacidad de autosustentarse, lo que llamamos soberanía alimentaria de sus setenta millones de habitantes. No deja de ser penoso, tratándose de los productores decanos de trigo de la humanidad… pero EE.UU. es un jugador ducho con sus fichas.
Bueno, ese plan de dominación mundial a través del hambre ajena, donde la soja va a ir cumpliendo un papel cada vez más importante, funciona sin trabas desde mediados de los ‘40 hasta 1973. Junto con el crac petrolero, sobreviene también una suerte de crac de esa política alimentaria. Por una serie de sequías, EE.UU. decide retener (por una vez) su producción para autoabastecimiento y los países que habían ya generado una dependencia alimentaria (en el caso europeo, con el forraje) se desesperan ante el achique ominoso de las “reservas” y salen a buscar proveedores al mercado. Así ingresa Brasil al hasta ese momento exclusivo “Club de la Soja”. Y Brasil aumenta extraordinariamente su producción sojera: la duplica anualmente, multiplica por 30 los suelos en 15 años y por 100 la producción entre 1980 y 1995 (6). Y detrás de Brasil, Argentina. En el siglo XXI estos tres países, sobrepasan el 90% del comercio mundial de la soja (por tres tercios de mayor a menor en el mismo orden que el cronológico).
Sojización planetaria
Pero el control tecnológico permanece sobre todo en manos de EE.UU. Y esto se afirma aunque con algún cambio, con el ingreso de la soja transgénica. Porque EE.UU. y Argentina la adoptan y en Brasil hay problemas. Hay quienes se niegan a adoptar los transgénicos. Con los transgénicos aquel manejo de la soja desde EE.UU. se afianza; hay un laboratorio clave en Saint Louis, Monsanto, que es el que maneja la producción de soja, de la semilla transgénica y del herbicida adaptado a esa transgénesis. Brasil queda relativamente al margen. Es el tiempo en que el PT riograndense declaraba a su estado “libre de transgénicos”. Pero el espíritu capitalista es más fuerte, los hacendados riograndenses advierten el aumento de la tasa de ganancia y mediante granos contrabandeados desde Argentina -Monsanto al parecer juega en la legalidad cuando le conviene y fuera de ella cuando igualmente le conviene-, logran vencer resistencias “ideológicas”. Con Lula presidente el camino de la soja parece ya asegurado (una de sus primeras medidas de gobierno fue “liberar” la soja transgénica “por una sola vez” y, luego, otra vez y otra vez…).
El estado de situación que describe Vior nos da la pauta que la soja es a horcajadas del cambio de siglo lo que el azúcar americano fuera en el 1600 o el algodón en el siglo XIX. Vior dice que hay que visualizarla hoy en día como en su momento fue el quebracho en el norte argentino hace un siglo... como una era. Por eso él habla de “el complejo mundial de la soja”. También se lo podría calificar como lo hiciera con precisión un colega, Pablo Stefanoni, “el complejo genético-político-industrial estadounidense”. Y los laboratorios “sojeros” hacen referencia al “País de la Soja”; un “territorio” interior sudamericano de millones de km2… que los laboratorios transgénicos, obviamente, consideran propio. En él tenemos que incluir la homogeneización de transportes y de vías de comunicación como la tan mentada hidrovía, destinada, con sus barcazas absolutamente adaptadas, a llevarse, entre otras sangrías, los granos de soja (IIRSA).
Vior aclara que cuando aumenta la producción de soja, aumenta la cantidad de proteínas, en primer lugar como forraje, lo que aumenta a su vez la producción de proteínas en forma de ganado y, en una segunda etapa, aumentan las proteínas vegetales. La soja es un ingrediente comodín. Se produce así lo que califica como macdonaldización de la comida, primero en EE.UU., luego en Europa y finalmente en los países empobrecidos: comidas rápidas, preparadas y listas para consumir.
Cada vez más comemos todos lo mismo. Y cada vez sabemos menos qué comemos. Un nuevo eslabón, en este proceso de homogeneización ha sido, precisamente, la incorporación de la soja (texturizada) directamente como si fuera carne: una hamburguesa de carne de vaca cuesta, pongamos, un peso; mitad de vaca, mitad de soja, 55 centavos. Ningún productor de comida industrial lo duda: miti y miti.
Commoditización y neodependencia
La tesis de Vior es que el complejo de la soja renueva y revigoriza la relación colonial clásica y aquí nos vamos encontrando con la creciente monoculturización argentina: el país dependiente exporta materia prima y recibe manufacturados o servicios: los rubros de exportación más importantes de Argentina son: petróleo y soja. Dos commodities, como se las nombra ahora sin siquiera usar el castellano (por allí también entra la relación imperial).
Argentina es, entre los principales del mundo, el productor de soja que tiene mayor porcentaje de transgénica. Dijimos que la soja transgénica ajusta, ensambla, mejor la dependencia. Por varias razones. Porque la semilla transgénica tiene un origen mucho más restringido; proviene de laboratorio y Monsanto y sus “colegas” no quieren perder regalías. Porque los laboratorios se han hecho semillerías o las adquieren y así se han convertido de las más grandes del planeta. Como laboratorios-semillerías prohíben la resiembra; una costumbre milenaria del campesinado, junto con la del intercambio de semillas entre campesinos; contra tales “vicios”, una policía privada controla la compra rigurosa de semillas para cada cosecha.
Para hacer las líneas rentables, simplifican variedades. La soja tenía, históricamente -como cualquier planta-, decenas de miles de variedades; se produce soja transgénica apenas en un puñado de variedades (ese restricción de la biodiversidad no viene sólo con los transgénicos; viene con el modelo agro-industrial, sólo que con los OGMs se extrema todavía más).
El complejo sojero sostiene que la soja GM trae mayor rendimiento. Falso. Se han hecho investigaciones que revelan que la soja transgénica suele rendir algo menos, alrededor de una 6%, respecto de la tradicional (7). Trae, sí, economías de gestión empresarial (porque simplifica el manejo), reduce mano de obra, etcétera. El aumento de producción propiamente dicho proviene del avance de las áreas sembradas. La soja es una planta tropical y hoy se planta a la latitud de Bahía Blanca... y hacia el norte, se arrasa el monte, lo que queda del monte chaqueño, santiagueño, para entrar con soja, en Chaco, Formosa, Salta.
Desde el laissez-faire, laissez passer del menemato, no ha habido estado regulador, hasta la incipiente y mal enfocada intervención con Lousteau en 2008, y el intento de frenar la “sojización”.
La realidad es que el agronegocio se ha enseñoreado en los centros de enseñanza, en los organismos públicos, en la prensa adicta y esto se traduce en “productores” que están a la orden de lo que le diga “el mercado”.
Este señorío de la soja en el país tuvo un abultado apoyo ideológico en el positivismo y el progresismo, tácitos, a menudo inconscientes de nuestros hombres públicos (y privados, pero “importantes”), un vénero que nutre el espectro ideológico por derecha y por izquierda.
El mismo fenómeno, empero, recibe otras denominaciones desde el Primer Mundo, que procura preservar su nivel de vida y “la preponderancia”, como bien ha denunciado tanta veces N. Chomsky:
"No es necesario disponer una redistribución de las riquezas. Pero sí de las tecnologías que posee el mundo industrializado. Los que reciban esa tecnología deben tener el deseo de cambiar su mundo y su estilo de vida, y lo quieran o no, deberán cooperar estrechamente con los proveedores de estas tecnologías durante un período de adaptación que llevará sus años. Algunos tercermundistas califican esto de ‘neocolonialismo’, es su opinión. Otros podrían llamarla cooperación con beneficios mutuos.” (8)
Será bueno precisar lo de los “beneficios mutuos”, ahora que ya sabemos que la contaminación generalizada está haciendo cada vez más problemática nuestra misma existencia en el planeta. Algunos “beneficios mutuos” han sido indubitables: los grandes laboratorios han cosechado sus millonadas; los grandes sojeros locales (locales argentinos en Argentina) también. Pero, ¿hasta dónde llegan los beneficios y su mutualidad?; ¿a los bolsillos de sojeros grandes y hasta chicos? Porque a cambio de tales beneficios monetarios para pocos, el territorio, la biodiversidad, la sociedad está “pagando” con pérdidas cada vez más inocultables de calidad de vida, de salud y lo de mutuos no es sino una engañifa.
Fue muy significativa una entrevista que mantuviéramos, años ha, con Carmen Vicien y Perla Godoy, durante el menemato jerarcas de la CONABIA, COMISIÓN NACIONAL ASESORA EN BIOTECNOLOGÍA AGROPECUARIA, el organismo público construido para la regulación de la entrada de alimentos transgénicos en el país. Vicien y Godoy hicieron mucho hincapié en que ‘ese ingreso’ -una literal invasión de transgénicos-, no era ningún giro copernicano ni mucho menos; los productores rurales argentinos son tan modernos que únicamente siguieron una línea de desarrollo que pasaba por la siembra directa y la producción de escala [por lo tanto monocultivos, agrego] y así, con facilidad incorporaron plantas transgénicas, que las entrevistadas preferían llamar “organismos genéticamente modificados”. Para demostrar que no se trataba de ninguna novedad, aclararon que ya había una labor relacionada con la bioseguridad en varios países latinoamericanos como Argentina, México y otros caribeños en el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura. Basta escuchar, en este caso leer, el nombre, para darse cuenta que nuestras funcionarias de entonces pasaban por alto el miembro fundamental de tal instituto, EE.UU. El mismo manoseo lingüístico como cuando hablando de Monsanto se referían a un “laboratorio internacional”: internacional será la incidencia, pero Monsanto es una celosa empresa que procura representar y llevar adelante el american way of life.
La fragilidad de las pirámides invertidas
He estado, por ejemplo en un pueblo que décadas atrás tenía decenas de miles de hectáreas de frutales: en 2008, 2400 ha, el resto sojales. Pero no es mera “reasignación de destinos”, de por sí insensata; muchos lugareños te imploran que no comas pescado… del Paraná, otrora “manjar” lugareño… el río viene cargado… de agrotóxicos. Esto es por doquier. He hablado con apicultores orgánicos, uno, en plena pampa “sitiado”. Por los sojales: cada vez que pasa el “mosquito”, el colchón de abejas muertas al pie de las colmenas es así de alto y me abre la cuarta entre pulgar e índice, unos 20 cm. Ni una sobrevive. Hay que reponer “planteles” rompiendo el sitio…
Los OGMs han extremado el modelo; entonces, lo que hay es una contrarreforma agraria en marcha, que ha avanzado con pasos de siete leguas desde el menemismo. “El campo”, p. ej. en la provincia de Buenos Aires, tiene centenares de poblados donde hace quince o veinte años trabajaban a su vez cientos de pequeños establecimientos agrarios, campesinos, en aromáticas, pollos, granja, frutales, huerta, abejas, cerdos, ovejas o cabras, lácteos, cereales, leguminosas, plantación de árboles, y que con la transgenetización generalizada, ha dejado a un par de “productores” que le alquilan los campos al 90% de los vecinos del pueblo, que han unificado cultivos hasta derribando alambradas mediante la compra de costosísima maquinaria de escala y que, “barriendo” la zona con agrotóxicos llega incluso a malograr la producción rural de aquellos que quisieran persistir con cultivos y alimentos más o menos tradicionales, más o menos sanos…
Esa brutal concentración y monoculturización del campo argentino, sobre todo visible en las pampas, significa no sólo pérdida de diversidad biológica y alimentaria y brutal expulsión de mano de obra “sobrante”, que puebla los cordones de miseria cada vez mayores, urbanos. Muestra el rostro de la contaminación…
Sólo semejantes “conversiones” explican que con producción todos los años mayor que el anterior (hasta 2008; ahora han intervenido dos factores “nuevos” y negativos: el crac bursátil metropolitano y la sequía), con rindes no sólo físicos sino también monetarios cada vez mayores, el país registre a la vez tanta hambre.
Agroquímicos en combate
Cualquier automovilista con una pizca de memoria puede recordar la cantidad de insectos, mariposas, cascarudos que quedaban en el radiador o en el parabrisas en un viaje de media o larga distancia, y la escasísima mortandad que ahora puede registrar. No es porque los vehículos se hayan hecho amigables para la vida de la fauna menor, obviamente, sino porque esas especies han sido reducidas o exterminadas por los agrotóxicos, llamados sagazmente por sus fabricantes fitosanitarios…
La soja GM se implantó además con un estilo militar que en realidad acentúa rasgos, como decían las funcionarias de CONABIA, ya percibibles en la estructura agraria del modernizado campo de los “productores” argentinos. Los “vuelos rasantes”, la fumigación aérea, destroza la vida de los pequeños campesinos, los que viven y trabajan con producción familiar, diversa, tradicional u orgánica, para consumo local. Es el mismo método que usan las fuerzas aéreas yanqui y colombiana para erradicar el narcotráfico, dicen; arrasan al campesinado allá con un hongo temible; fusarium; aquí con glifosato. También temible. Tóxico. Que va dejando secuelas.
Esto del tratamiento militar quiere decir que se aceptan como si tal cosa los “daños colaterales”, es decir el daño a la población humana, animal y vegetal que no es “el blanco” preciso y buscado de la fumigación.
Pero este aspecto, el de los daños colaterales del agribusiness, de los monocultivos y los transgénicos, que llevaba años de impunidad manifiesta institucional y social, se ha empezado a develar socialmente, masivamente, con el conflicto disparado entre patronales camperas y gobierno por unos puntos de impuesto.
No deja de ser vergonzoso que la disputa pública haya sido sobre dinero durante medio año, desde aquel fatídico anuncio contra la sojización, de marzo de 2008, que puso los pelos de punta a todos los titulares del modelo de la soja, que venían cosechando ganancias inigualadas, sin jamás tomar en consideración el tendal que estaban dejando.
La agroindustria busca soluciones rápidas, de altísimo impacto. Sobre todo al bolsillo. Es prácticamente inevitable que semejante política castigue la vida, lo vital. Porque lo vivo es increíblemente sensible, frágil y tenaz al mismo tiempo, y requiere siempre de sus tiempos. En estos últimos lustros, los sojeros en primer lugar, pero no sólo ellos, han llevado a cabo un biocidio silencioso y mendaz, arruinando la biodiversidad de extensiones cada vez mayores de territorio.
Tal vez se valgan de la misma filosofía según la cual, en lácteos, la mejor leche es la que no tiene bacterias. Ignorando que el 99,99% de las bacterias no sólo no son tóxicas sino que además son benéficas, condiciones de vida, precisamente, para nosotros. Y con esa serena filosofìa estarán orgullosos de haber hecho desaparecer yuyos y sabandijas, mediante sistemático envenenamiento en dimensiones insondables.
Pero las secuelas empiezan a saltar a la vista de todos. Un médico, Darío Gianfelici, santafesino radicado en Entre Ríos, se tomó el trabajo de elaborar un estudio epidemiológico a pulmón buscando dos “fotografías” del campo argentino: antes y después de la soja transgénica. Y aunque le fue retaceada gran cantidad de información (porque muchos hospitales y médicos tienen la precavida costumbre de registrar como causa de muerte “paro cardiorrespiratorio”, que no es sino la consecuencia), presenta datos que no dejan duda sobre la existencia de contaminación por agrotóxicos (9).
No hay peor sordo que… transcribimos un texto extraído de un boletín de la industria de agroquímicos, que tiene la virtud de pronunciar lo que nuestro estilo de vida y nuestro rango educacional nos permite eludir tan a menudo:
“Uno de los problemas a los cuales debemos enfrentar para la promoción de nuestros productos en la India es la actitud de los agricultores ante el hecho de matar. Los pesticidas matan, aunque se trate de insectos minúsculos o invisibles. Se los utiliza para matar. El hecho mismo de matar está considerado anatema para la inmensa mayoría de agricultores, hindúes, jainistas o de otras religiones. Los agricultores son naturalmente generosos, tienden a compartir lo que la tierra les ofrece. No piensan jamás que podrían disfrutar, ellos solos, de los frutos de su trabajo… Matar esas vidas invisibles y desconocidas, aun si viven a costa de lo que ellos producen, les resulta ajeno a su naturaleza… incluso cuando la cosecha ya está madura, el agricultor procura espantar a los pájaros que tratan de comer los frutos, pero no los matan… Los pesticidas tienen un único fin: matar.
"Lleva tiempo persuadir a esta gente de mentalidad simple, acerca de lo necesario que es matar a estas ínfimas criaturas inofensivas y tan vulnerables.” (10)
Contaminación generalizada: ¿quién va a rendir cuentas?
Monsanto sabía lo que tenía entre manos. O no lo sabía. Pero su política siempre fue clara.
Monsanto sabía que había que tranquilizar conciencias para facilitar que el motor del emprendimiento sea la rentabilidad. Robert Farley, ejecutivo monsantiano adopta el papel de perseguido; ser criticado y “defenderse” suele permitir adoptar el papel de víctima y en un segundo momento viene el juicio tranquilizador: “[…] seguirá habiendo críticos, y nosotros debemos seguir defendiendo y promoviendo continuamente esta tecnología. Lo que ha cambiado ahora es que hay diez años de historia. Estos productos se han utilizado de manera global en todo el mundo. No ha habido un solo problema relacionado con la salud humana, la salud animal o la salud del medio ambiente. [sic, sic]” (11)
Destaquemos la contundencia de la frase de don Farley. Esa maravilla de producir venenos… inocuos.
Monsanto tiene todo un staff de prohombres dedicados, por lo visto, a la verdad y al compromiso. Del mismo documental que la cita anterior, transcribimos ahora la “confesión” de Marcos Ordoñez: “trabajar por la alimentación de la gente en equilibrio con el medio ambiente […] cuando uno piensa que una corporación tan grande como Monsanto decide hacer negocios teniendo en cuenta una noción como ésta [hay un cartel enorme a espaldas del disertante… IMAGINE] automáticamente nace un compromiso, un compromiso muy especial porque no es que estamos haciendo un producto de bajo impacto, las cosas a que Monsanto se dedica, las tecnologías que Monsanto desarrolla, pueden tener un impacto muy alto en la vida de todas las personas […].” Tal vez Monsanto Ordóñez cumple con los cánones tan caros a la ética protestante estadounidense de mentir diciendo la verdad y por ello menciona hasta la soga en casa del ahorcado con lo del alto impacto y la responsabilidad… nos recuerda un cuento cuyo autor hemos olvidado que decide matar a su esposa, preservando, claro, su inocencia, para lo cual en un momento ella se queda sola en la glorieta del magnífico jardín de la mansión, porque él la abandona momentáneamente para derribar un árbol. Mientras ella sorbe su té, escucha risueña la voz del marido que le anuncia en voz bien alta que tenga cuidado con el árbol, no sea cosa que le caiga encima, ella percibe el jugueteo de su esposo en un mensaje que es bien distinto a sus escuetas palabras; ella lo conoce lo suficiente y siente que él está jugando con ella… sólo que él no jugaba sino que hacía como qué. Y cuando por fin el árbol aplaste la glorieta con la dama adentro, todos los vecinos que escucharon el estruendo, y antes las palabras de advertencia, no comprenderán cómo ella se demoró tanto en retirarse y el “atribulado” viudo saldrá indemne.
Ordónez nos habla con descaro del impacto de las acciones monsantianas. Pero no estamos en la glorieta. Monsanto lo que vende es veneno.
“Monsanto condenado por “publicidad mentirosa”. En 2007, un tribunal francés de la ciudad de Lyon lo declaró culpable del delito de “publicidad mentirosa”: en las etiquetas y piezas publicitarias de su producto Roundup Ready, Monsanto anunciaba que el herbicida “es totalmente biodegradable” y que su uso deja “el suelo limpio”.
El tribunal no aceptó tales afirmaciones basándose en dictámenes de la Comisión Europea, acerca del glifosato como “tóxico para los organismos acuáticos”, capaz de “provocar efectos nefastos para el ambiente a largo plazo” y ‘cuyas dos principales moléculas se encuentran presentes en […]’ “las aguas superficiales francesas.”
Es significativa la lenidad de la condena. Porque el delito de Monsanto no es informar mal, sino envenenar… pero no debemos olvidar que EE.UU. y la UE sostienen una “santa alianza”.
Para Monsanto, DuPont, AstraZéneca, Novartis, Bayer, de lo que se trata es de externalizar costos. Las transnacionales se llevan contante y sonante por know-how, se llevan producción que van articulando en el mundo hecho góndola que diseñan, dejan millones de dólares “por los servicios prestados” al clan con el que armaron esas fortunas y sobre todo, dejan tierras devastadas y contaminadas. Población, el planeta, afectados. Paga dios.
Como decían las entrevistadas de CONABIA hace ya tanto tiempo, los transgénicos apenas si son novedad. Hace unos años, Sergio Rodríguez hablaba de “una historia nacional en la que predominó una economía agrícola exportadora asentada en la explotación de unos pocos dueños, de grandes extensiones con poca mano de obra [...] una cultura apoyada principalmente en la ganancia fácil [...]”. Rodríguez hablaba de los albores de la “argentinidad” y registraba -han pasado casi dos siglos- el enorme parecido con el menemato donde, justamente, se arma el sistema de la soja.(12)
Allá por el 2000, CONABIA procuraba atender el destino de los “insectos no blanco”. Con esa jerga las funcionarias designadas durante el menemato se referían a los insectos atacables por un veneno programado para determinada plaga. La frasecilla revela su inconsistencia conceptual: no existe el veneno que ataque “la plaga” y preserve al resto de los insectos; por otra parte, el uso cada vez más masivo de agrotóxicos ha ido revelando que los “no blanco” afectados y/o aniquilados somos mucho más que la plaga o los insectos; desde vegetales hasta humanos.
El transcurso del tiempo nos ha deparado otro “actor” en la modernidad, siempre tan descartado, aunque invocado en los planes: la salud, la salud castigada, humillada, descuidada, despreciada. La salud de los pobres, claro. Y la salud ambiental, que van juntas. Y no logran atenderse en las redes asistenciales de los grandes sojeros, de los ejecutivos de las grandes transnacionales, de los jerarcas de todo pelo y color, públicos y privados …
Como bien explicaba Jorge Rulli en un editorial de los suyos, radiales, en el campo (argentino) hasta la idea de la familia con su rancho, su huerta, y su predio, ha perdido sentido. Porque los sistemas de cultivo, validos de mosquitos y aviones fumigadores rocían y contaminan a tal punto que las primeras víctimas serían los pobladores que mantengan la vieja usanza de vivir “en” el campo. Los agronegocios tiene al productor, bien guarnecido, en la ciudad que despacha a “los campos” a operarios que en cuestión de horas liquiden las tareas que haya que ir haciendo.
El campo es ahora trabajado por “forasteros”. Todos de lejos, nadie que se quede. Salvo “el pobrerío”, que más le cuesta abandonar lo poquísimo que tiene.
El estilo de manejo de los cultivos incluye los niños banderilleros que con tanta justeza denunciaran la investigadora Susana Aparicio y el periodista Carlos del Frade.
¿Son los banderilleros argentinos nuestros niños palestinos arruinados por las balas de la agroindustria en este caso, y de algún modo encarnan a toda una sociedad agredida por el éxito monetario y fácil de la agroindustria?
¿Dónde está el asiento social desde el cual se podrá medir el grado de contaminación, el alcance de los cánceres, de las alergias, de las malformaciones congénitas, de las mutaciones?
¿Lo haremos desde la UBA?, no parecería al menos desde su Facultad de Agronomía, ¿tal vez desde la SAGPyA?, tampoco lo parece por sus antecedentes, ¿desde la CONABIA?, no se conoce casos de escupir para arriba, ¿tal vez desde la CONADIBI?, ¿es que existe acaso?, ¿será el CONICET?... en plena modernidad, mire usted, y tan colonizados…
¿Qué demandas tendrían que afrontar Monsanto, Novartis y en general los grandes anunciadores de Clarín Rural, del suplemento “campero” de La Nación, la retahíla de intoxicadores anunciantes de, por ejemplo, Radio Continental?
¿Y si en lugar de hablar de “personas jurídicas”, esa pícara máquina de irresponsabilidad que ha sabido crear el capitalismo, nos referimos a personas físicas?, ¿quiénes del personal político, técnico, docente, periodístico, de investigación, que han hecho su aporte a la difusión de tanto dolor en tanta población, sobre todo inerme, van a rendir cuentas, cómo y con qué?
¿Quién dará cuenta de haber quimiquizado los “campos de la patria” y con ello, los ríos, las napas, y nuestros cuerpos?
Y somos conscientes que este biocidio generalizado no es exclusivo desde la soja. Es el capital el que así se reproduce. Pero lo general no borra el examen particular; al contrario éste lo encarna. www.ecoportal.net
Luis E. Sabini Fernández Integrante del plantel docente de la Cátedra Libre de Derechos Humanos de la Facultad de Filosofìa y Letras de la Universidad de Buenos Aires, periodista, editor de la revista futuros del planeta, la sociedad y cada uno.
Notas
1. Significativamente, la distinción entre estos términos ha sido motivo de arduos debates intelectuales en EE.UU., particularmente tras el colapso soviético (para una introdución, véase Herbert Schiller, “Hacia un nuevo siglo de imperialismo norteamericano, Cuadernos de Marcha, Montevideo, no 149, abril 1999).
2. Curso de posgrado de FLACSO, 2002, “Ambiente, economía, sociedad”.
3. Frances Moore Lappé, Food First, Houghton Mifflin, Boston, 1977, cap. 40. Esta cita y las siguientes del mismo origen provienen de la traducción francesa, L’industrie de la faim, Éditions L’Étincelle, Quebec, 1978.
4. Entrevista que tradujimos y editamos en futuros, no 6, verano-otoño 2004.
5. Para un análisis del significado real de esa “ayuda”, véase Hernán Pérez Zapata, “Los subsidios agrícolas”,carta a El Mundo, Medellín, que publicamos en futuros no 4, verano 2002-2003; mi “El polpotismo invertido del capital verde”, futuros no 8, invierno 2005 y con el mismo nombre en www.biodiversidadla.org
6. Vior, ob. cit.
7. Véanse la entrevista a Mohamed Habib, “El gobierno cayó en la celada de los transgénicos”, futuros, no 6, verano-otoño 2004 y Miguel Altieri y Walter Pengue, “Soja transgénica en América Latina: maquinaria de hambre y devastación socio-ecológica”, futuros, no 9, otoño-invierno 2006. Está también en www.biodiversidadla.org
8. Roy Vicker, en el Wall Street Journal, s/f, cit. p. The Hungry World (nosotros recogemos la cita de F. Moore Lappé, ob. cit., final del cap. 20) .
9. Véase “El impacto del monocultivo de soja y los agroquímicos sobre la salud”, futuros, no 12, verano 2008-2009). También está en internet.
10. Pesticides, periódico de la industria india de pesticidas, s/f, cit. p. F. Moore Lappé, ob. cit., final cap. 9.
11. Alocución filmada y bajada del documental Reverdecer, chaya comunicación cooperativa, c:a 2006.
12. “¿Menem fue? ¿Qué fue Menem?”, Página 12, 18/5/2003.