lunes, 2 de febrero de 2009

Cambios en el clima y comportamiento humano


30-01-09, Por Schelica Mozobancyk

La forma en que las personas percibimos nuestro ambiente, las actitudes que desarrollamos hacia él y los valores sociales que sostenemos están en la base de los comportamientos ambientales que dan origen al cambio climático. Estos comportamientos pueden modificarse a partir de la implementación de políticas y programas de gestión y educación ambiental que generen los contextos apropiados.

Introducción

El fenómeno denominado “cambio climático”implica un ascenso paulatino de la temperatura del planeta, un incremento de las precipitaciones en vastas zonas del globo y un aumento en la frecuencia de la ocurrencia de eventos climáticos extremos (tormentas, sequías, inundaciones, etc.). Los costos económicos, sociales y sanitarios de este cambio que, de hecho, ya estamos viviendo, son enormes y se describen en otros artículos de este número.

El cambio climático encuentra su origen en un sinfín de actividades humanas que alteran los procesos naturales de regulación del clima y que podemos clasificar en dos grandes grupos: las actividades que aumentan la emisión de gases de “efecto invernadero” y las que disminuyen su captación natural (principalmente, la tala de bosques).

Hay consenso entre la comunidad científica en que el problema del cambio climático es de tal complejidad que sólo puede ser abordado de un modo interdisciplinario. Pero ¿qué tiene la psicología para decir al respecto? En una primera aproximación la respuesta no es evidente, en absoluto.

En este artículo se tratará de poner de manifiesto cómo la forma en que las personas percibimos nuestro ambiente, las actitudes que desarrollamos hacia él y los valores sociales que sostenemos están en la base de los comportamientos ambientales que dan origen al cambio climático, y cómo estos comportamientos pueden modificarse a partir de la implementación de políticas y programas de gestión y educación ambiental que generen los contextos apropiados.

También se mencionarán algunos de los aportes que puede hacer la psicología a la gestión ambiental para la mitigación del cambio climático; principalmente la psicología social, la psicología ambiental y la psicología comunitaria, especializaciones que se entienden como indispensables para contribuir a una respuesta eficaz ante los desafíos que plantea la problemática mencionada.

¿Tenemos una percepción del problema?

El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas (IPCC) señaló en un informe del año 2001 que “existen pruebas nuevas y más convincentes de que la mayor parte del calentamiento observado durante los últimos cincuenta años se puede atribuir a actividades humanas”.

Contribuimos al cambio climático cada vez que utilizamos nuestro automóvil, encendemos nuestro aparato de aire acondicionado (y otros electrodomésticos), viajamos en avión, etcétera. Sin olvidar que la gran mayoría de los productos que compramos y utilizamos cotidianamente provienen de procesos industriales (incluida buena parte de nuestros alimentos) que contribuyen al cambio climático por las emisiones de gases de efecto invernadero que implican. Es decir, las distintas acciones que realizamos en nuestra vida cotidiana aportan al proceso de alteración climática negativa o son mediadoras de procesos que contribuyen a la misma en mayor o menor medida.

No obstante el origen netamente antrópico del problema, observamos que el tratamiento habitual que se da al mismo en los medios de comunicación y en las conversaciones de la vida diaria es en tanto desastres “naturales”. En este sentido, un documento de la Secretaría de Ambiente de la Nación (Perczyk et al.) expresa:“…la mayoría de la población suele percibir el cambio climático como un problema lejano… en rigor, la ciudadanía no es consciente del problema sólo porque no puede identificar y establecer las relaciones que existen entre su forma de vida y el cambio climático”.Y concluye:“… esta visión es la que hay que modificar para lograr una ciudadanía consciente de que sus acciones repercuten sobre el nivel de emisiones de gases de efecto invernadero”.

Podría pensarse, entonces, que la solución del problema podría pasar por la implementación de una buena campaña informativa o educativa, de corte tradicional. Sin embargo, los estudios de psicología ambiental han dejado claramente establecido que si bien la información es imprescindible dado que, de hecho, puede conducir a un incremento de la percepción del problema, no es en absoluto suficiente para generar el cambio de comportamientos necesario.

La cuestión de las actitudes y los valores

Si la percepción de la existencia del problema y de nuestra participación en el mismo no es suficiente, ¿entonces, qué más se necesita? Se necesita desarrollar una actitud favorable hacia el cuidado ambiental, esto es, una toma de posición frente a la problemática y una decisión de actuar en consecuencia. El desarrollo de esta actitud puede requerir de cambios más profundos en nuestro sistema de creencias y en nuestros valores, por eso nos referimos a ella como “complejo valorativo-actitudinal” (Hernández, 1998).

De hecho, en primera instancia, la mayoría de las personas podría estar a favor del cuidado del planeta. Pero ¿qué ocurre cuando este cuidado entra en contradicción con otras conductas o intereses personales? Por ejemplo:¿Estaríamos dispuestos a hacer esfuerzos personales para reducir la emisión de gases de efecto invernadero?, ¿restringir el uso de nuestro automóvil?, ¿moderar el uso del aire acondicionado?, ¿pagar un mayor precio por un aparato que consume menos energía?, ¿llevar estilos de vida más austeros?, ¿tomarnos el trabajo de separar nuestros residuos para que puedan ser posteriormente reciclados? En el caso de ser empresarios: ¿Pagar más impuestos para la implementación de programas de reducción de gases de efecto invernadero?, ¿o invertir en tecnologías menos contaminantes, aunque esto disminuya el margen de ganancias?

El desarrollo de actitudes favorables hacia la mitigación del efecto invernadero dependerá de la importancia que otorguemos al problema y de cuán costoso nos parezca implementar los comportamientos de cuidado ambiental necesarios (ya sea en términos económicos o del esfuerzo personal que nos implique). Influyen también en la formación de actitudes las creencias que sostenemos en relación al problema, el grado de impacto que consideremos que nuestro cambio de comportamiento puede tener en su mitigación y lo que el resto de las personas a nuestro alrededor hace (estos dos últimos aspectos los trataremos en el apartado siguiente).
Algunas creencias que dificultan la formación de actitudes favorables hacia la mitigación del calentamiento global son, por ejemplo, que los científicos ya encontrarán una solución para el problema, que la naturaleza es lo suficientemente fuerte como para resistir los impactos de la industrialización, que la industria se reconvertirá a tiempo para desarrollar tecnología no contaminante, etcétera.

Más problemático es aún cuando los comportamientos necesarios de cuidado ambiental entran en contradicción con los valores personales, pues éstos son mucho más difíciles de modificar que las actitudes (de hecho, éstas están apoyadas en aquéllos). En el caso del cambio climático, los valores que orientan los comportamientos proambientales pueden entrar en contradicción con otros valores socialmente imperantes, como por ejemplo: el disfrute del confort de la vida moderna es más importante que el cuidado del planeta; el hombre tiene el derecho de dominar la naturaleza; el hombre es más importante que el resto de las especies; el hombre está más allá de las leyes de la naturaleza; tenemos el derecho de utilizar todos los recursos naturales que podamos.

La psicología ambiental ha elaborado una gran cantidad de escalas para identificar las creencias, actitudes y valores que sostienen los distintos grupos sociales, como primer paso hacia su modificación. Una de las más conocidas y ampliamente utilizadas es la de Dunlap y Van Liere (1978, 1984), quienes demostraron empíricamente que existe un conjunto de creencias, actitudes y valores afines al comportamiento proambiental, al que llamaron Nuevo Paradigma Ambiental que se opone a otro conjunto de actitudes y valores, actualmente imperantes, denominado Paradigma Social Dominante. Detrás de la adscripción de las personas a uno u otro paradigma hay algún tipo de confrontación entre la preservación ambiental y otros valores (generalmente, intereses económicos y los valores que conllevan los estilos de vida consumistas).
Ahora bien ¿es suficiente el desarrollo de actitudes y valores favorables al control del cambio climático para poner en práctica los comportamientos necesarios? La respuesta, lamentablemente, es nuevamente no.

La necesidad de contextos sociales apropiados

Aun las personas sensibilizadas y comprometidas con la problemática del cambio climático necesitan de contextos apropiados para poner en práctica comportamientos de cuidado ambiental. Por ejemplo, una persona preocupada por el cambio global puede preguntarse: ¿Tendrá sentido esforzarme en restringir el uso de mi automóvil si el resto de las personas no lo hace?, ¿qué resultados podrán esperarse del tal esfuerzo aislado? Por oposición, otra persona con actitudes proambientales más débiles, puede sentirse impulsada a la acción si el contexto social muestra una clara toma de posición hacia el cuidado ambiental.

Es aquí donde adquieren un papel protagónico las políticas ambientales y los programas de gestión ambiental. Éstos tienen por objeto direccionar el accionar colectivo, poniendo el acento no en las responsabilidades individuales sino en las transformaciones sociales necesarias para generar los contextos apropiados que puedan dar lugar a los comportamientos ambientalmente respetuosos. A través del establecimiento de pautas de funcionamiento social (leyes, regulaciones impositivas, etc.), campañas de comunicación social, programas ambientales participativos, etc. buscan movilizar la acción colectiva en pro de objetivos ambientales. Por ejemplo, una política pública tendiente a un transporte más ecológico podrá incluir acciones tales como: regulaciones para el uso del automóvil individual, buenas ofertas de transporte público que lo sustituyan, diseño de ciclovías, normativas para la fabricación de los vehículos, fomento de nuevas modalidades de organización comunitaria de traslados (por ejemplo, compartir los vehículos), todas ellas apoyadas por campañas de comunicación ambiental bien diseñadas y por los programas de educación ambiental correspondientes.
Las políticas y programas de gestión ambiental deben involucrar a los distintos sectores de la sociedad y establecer metas ambientales consensuadas: gobierno, empresa, industria, escuela, universidad, medios de comunicación, organizaciones no gubernamentales, ciudadanía en general, deben trabajar organizadamente y de un modo participativo y cooperativo en programas orientados a la disminución de las emisiones, fomento del reciclaje, reducción del uso de aparatos contaminantes, etcétera.

Veremos que son innumerables los aportes que puede realizar la psicología a las políticas y la gestión ambiental para la mitigación del cambio climático si comprendemos la perspectiva que destaca Pol (2000), cuando afirma: “…la Gestión Ambiental no hace otra cosa que gestionar, directa o indirectamente, comportamientos humanos, tomar decisiones en función de unos valores que son socialmente construidos, tratando de modificar comportamientos dentro y fuera de las organizaciones”.

Desde la psicología social ambiental podemos trabajar para el desarrollo de representaciones, actitudes y valores que conduzcan a la puesta en práctica de conductas proambientales, teniendo en cuenta que tales representaciones, actitudes y valores son construcciones sociales, es decir, son producto de las transacciones o interacciones humanas. Las personas con las que interactuamos en la vida cotidiana (familia, escuela, trabajo, etc.), los medios de comunicación (incluyendo la publicidad) y los líderes de opinión, son una poderosa fuente para la formación y mantenimiento de percepciones, opiniones, creencias actitudes y valores, por lo que las llamamos influencias sociales.

Y la psicología social ambiental puede operar con y desde las influencias sociales.

Distintas teorías de la psicología social brindan una base eficaz para el diseño de campañas de comunicación ambiental a partir del trabajo con los líderes de opinión, los modelos sociales y los medios de comunicación masivos, con el objeto de sensibilizar, informar e implicar a la comunidad en la problemática ambiental. Estas teorías son una fuente imprescindible, también, para el diseño de programas de educación ambiental.

Por su parte, las herramientas provenientes de la psicología comunitaria permiten dinamizar la movilización, participación, organización y autogestión de la comunidad y activar las redes sociales para la consecución de objetivos ambientales compartidos.

Otro grupo de técnicas y herramientas permiten, a su vez, aportar a la construcción de consensos políticos y la toma de decisiones compartidas (tal como lo proponen las Agendas XXI).

A modo de síntesis

Hoy el problema del cambio climático ha llegado a un punto en su desarrollo en el que es imposible ya evitarlo. Existe incertidumbre respecto a si seremos capaces de controlarlo, desacelerarlo o mitigarlo. No es posible volver atrás, sólo continuar hacia adelante. Pero una cosa está clara: el éxito sólo podrá alcanzarse a partir de la dinamización de acciones colectivas, organizadas y sinérgicas, que permitan acelerar los procesos de toma de conciencia, cambio de actitudes y transformación de valores que pongan el cuidado ambiental en el primer plano, no sólo de la agenda pública, sino del accionar en nuestra vida cotidiana y de cada uno de nosotros. www.ecoportal.net

Por Schelica Mozobancyk (Diplomada en Ecología y Desarrollo Sustentable. Especialista en Gestión Ambiental) (Fac. de Arquitectura y Urbanismo UBA) Prof. Adjunta Cátedra Salud Pública/Salud Mental (I) – Fac. de Psicología, UBA. Publicado en Encrucijadas - UBA

Bibliografía

Hernández, Bernardo; Hidalgo, M. del Carmen: “Actitudes y creencias hacia el medio ambiente”.

En:Aragonés, Juan I.;Amérigo, María (1998): Psicología Ambiental .Madrid: Pirámide.

Moreno, Emilia; Pol, Enric (2000): Nociones psicosociales para la intervención y la gestión ambiental. Monografías socio/ambientales N° 14. Publicaciones de la Universidad de Barcelona.

Perczyk, Daniel et al.: Para entender el cambio climático. Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación. Ministerio de Salud y Ambiente de la Nación.

Dunlap, R. E.; Van Liere, K. D. (1978): “The New Environmental Paradigm”. Journal of Environmental Education , 9, 10-19.

Dunlap, R. E.;Van Liere, K. D. (1984):“Commitment to the Dominant Social Paradigm and concern for environmental quality”. Social Science Quarterly , 65, 1013-1028.

Transgénicos, pobreza y desastre ecológico



Se estima que más de 125.000 campesinos se han quitado la vida como consecuencia de la despiadada campaña que ha convertido a India en un campo de pruebas de los cultivos genéticamente modificados. Estas muertes están relacionadas con el endeudamiento con las grandes multinacionales y la imposibilidad de pagar la factura del agua empleada para regar el algodón. Las cifras oficiales del Ministerio Indio de Agricultura confirman que más de 1000 campesinos se quitan la vida cada mes

En la India encontramos claros ejemplos de los desastres que provoca la introducción de tecnologías controladas por las multinacionales para organizar la producción dirigida al mercado global. El Punjab, la más próspera región agrícola de la India, actualmente es víctima de un desastre ecológico y social, al igual que Warangal. Los agricultores tradicionalmente cultivaban para la alimentación local legumbres, mijo y arroz. Eran pobres, pero no tenían deudas. Las compañías semilleras les propusieron plantar semillas híbridas de algodón, materia prima para la industria textil mundial. Estas semillas conocidas como “oro blanco” les harían salir de su pobreza. Sin embargo, estas promesas resultaron fallidas. Sus semillas nativas fueron desplazadas con nuevos híbridos que no controlaban. Estos híbridos no podían ser almacenados, lo que obligaba a los agricultores a comprar cada año la semilla a un alto precio. Las semillas transgénicas son en Maharastra un 1000% más caras que la semilla tradicional. Las cosechas de algodón fracasaron y los agricultores quedaron fuertemente endeudados.

Muchos agricultores en Warangal no pueden hacer frente al alza de los costes de producción y comercialización de estos cultivos híbridos. Al ser las semillas muy vulnerables a los ataques de las plagas, los gastos en pesticidas se incrementaron en un 2000 %, desde 1980 a 1997. Ahora las grandes multinacionales intentan introducir semillas resistentes a esas plagas mediante ingeniería genética que aumentarán aún más los costos y riesgos ecológicos. Por eso, agricultores del Sindicato de Agricultores de Andhra Pradesh, en Warangal desarraigaron el algodón Bollgard de Monsanto, modificado genéticamente.

El cultivo de transgénicos necesita gran cantidad de agua, pesticidas y abonos.

Alrededor del 50% de la producción mundial practica un cultivo de regadío demasiado exigente en agua, lo que hace que mares como el Aral, en Asia Central, hayan perdido casi la mitad de superficie al ser desviados dos ríos que lo alimentaban para regar plantaciones de algodón y de arroz. Hay proyectos en marcha para su rehabilitación, pero se sigue cultivando gran cantidad de algodón transgénico en la zona y no se piensa en reducir su cultivo.

La sequía de Warangal, donde más de 50 millones de personas se enfrentan al hambre, no es un desastre natural. Es provocada por multinacionales como Monsanto que promueven en regiones áridas como las de Gujarat y Rajasthan, con escasas aguas subterráneas, los sedientos cultivos para la exportación en vez de los cultivos locales, menos consumidores de agua y destinados a cubrir necesidades alimentarias de su población.

Para producir una camiseta de algodón se necesitan 150 g de productos químicos y 2000 litros de agua. El 16% del total de los pesticidas utilizados en el mundo va a parar al algodón y su producción intensiva requiere entre 7.000 y 29.000 litros de agua por cada kg. de fibra. Cada hectárea de tierra acumula 1 kg de sustancias peligrosas por temporada. Las marcas convencionales del sector textil que utilizan algodón para sus prendas, no garantizan un comportamiento ético en toda su línea de producción y las marcas más caras como Lacoste o Diesel, son las que ofrecen menos garantías sociales y ambientales a los productores. Al comprar en C&A y “FRUIT of the LOOM”, contribuimos a que no se respeten los derechos de los trabajadores en Brasil, China, Pakistán, Turquía, Bangladesh y Rumanía, en el primer caso y en Camboya, Jordania, Marruecos, India e Indonesia, en el segundo caso. Si compramos a H&M, fomentamos el trabajo infantil y las horas extras entre sus trabajadores. De los 10 € que nos cuesta una camiseta de algodón, el trabajador que lo ha recolectado sólo recibirá 2 céntimos.

Es mentira que el algodón BT tenga mayores rendimientos que el convencional. En EE.UU, Argentina, Colombia y Australia, los rendimientos totales del algodón permanecieron constantes tras el paso del algodón convencional al algodón Bt. El aumento de rendimientos en India y China no se debió a la tecnología transgénica, sino a la explotación de los agricultores. En Xinjiang, la mayor provincia productora de algodón de China, donde se consigue el rendimiento más alto del país, se cultiva sobre todo algodón convencional y no variedades transgénicas. Según un estudio de la Universidad de Andra, en India, el algodón Bt requiere la misma cantidad de plaguicidas y agrotóxicos que el algodón convencional. En África, los cultivos transgénicos tienen menor rendimiento que las variedades convencionales y son utilizados para alimentar a los animales de los países ricos y para producir productos industriales como agrocombustibles.

Los principales productores de algodón a nivel mundial son China, Estados Unidos, India, Pakistán y Uzbequistán. Entre los productores de algodón hay países desarrollados, en “desarrollo” y países que se encuentran entre los más pobres del planeta (Mali, Benin y Burkina Fasso). En estos últimos países la vida de la gente depende de la producción de algodón que está condicionada por los intereses económicos de los cinco principales productores mundiales.

El algodón Bt no es un cultivo alimentario y sus semillas son muy caras. La producción de algodón ha llegado a tener saldo negativo en la economía de los pequeños agricultores, que gastan más en su producción de lo que les pagan finalmente por su cosecha de algodón. Con la globalización, este tipo de agricultura se ha extendido a regiones donde los campesinos siempre han sido pobres, pero habían sido autosuficientes en materia de alimentos hasta ahora. En Sudáfrica, desde la adopción del algodón transgénico Bt, el número de pequeños productores de algodón ha caído de 3.229 en 2001 a 853 en 2007.

Se estima que más de 125.000 campesinos se han quitado la vida como consecuencia de la despiadada campaña que ha convertido a India en un campo de pruebas de los cultivos genéticamente modificados. Estas muertes están relacionadas con el endeudamiento con las grandes multinacionales y la imposibilidad de pagar la factura del agua empleada para regar el algodón. Las cifras oficiales del Ministerio Indio de Agricultura confirman que más de 1000 campesinos se quitan la vida cada mes.

En India, una vez reorientada la producción agraria a cultivos no alimentarios y para la exportación, los precios de la alimentación se han disparado, duplicándose entre 1999 y el 2000. A la vez que los campesinos se empobrecían, los consumidores pagaban más.

Recientemente la OMC ha obligado a India a eliminar todas las restricciones sobre las importaciones en cumplimiento de los acuerdos de “libre comercio”. Esto ha permitido a la industria de EEUU introducir carne contaminada -lo que le sobra a los ricos se le arroja a los pobres-. Las muertes por ingerir alimentos envenenados o adulterados se han cuadruplicado desde entonces. www.ecoportal.net

COEXISTENCIA CON TRANSGÉNICOS?, ¡NO, NO Y NO!
NI CONSUMIDOS, NI IMPORTADOS, NI PRODUCIDOS. ¡PROHIBICIÓN!
CAMPAÑA: EN DEFENSA DE LA SEGURIDAD Y LA SOBERANÍA ALIMENTARIA. LUCHA CONTRA EL HAMBRE. LA FAO ¿SOLUCIÓN O PROBLEMA?
MÁS INFORMACIÓN SOBRE LA CAMPAÑA EN: www.nodo50.org/lagarbancitaecologica/garbancita

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Campa Sur 2009




domingo, 9 de noviembre de 2008

El problema: falta de agua

Mientras que en muchos lugares el agua limpia y fresca se da por hecho, en otros es un recurso escaso debido a la falta de agua o a la contaminación de sus fuentes. Aproximadamente 1.100 millones de personas, es decir, el 18 por ciento de la población mundial, no tienen acceso a fuentes seguras de agua potable, y más de 2.400 millones de personas carecen de saneamiento adecuado. En los países en desarrollo, más de 2.200 millones de personas, la mayoría de ellos niños, mueren cada año a causa de enfermedades asociadas con la falta de acceso al agua potable, saneamiento inadecuado e insalubridad. Además, gran parte de las personas que viven en los países en desarrollo sufren de enfermedades causadas directa o indirectamente por el consumo de agua o alimentos contaminados o por organismos portadores de enfermedades que se reproducen en el agua. Con el suministro adecuado de agua potable y de saneamiento, la incidencia de contraer algunas enfermedades y consiguiente muerte podrían reducirse hasta en un 75 por ciento.

La carencia de agua potable se debe tanto a la falta de inversiones en sistemas de agua como a su mantenimiento inadecuado. Cerca del 50 por ciento del agua en los sistemas de suministro de agua potable en los países en desarrollo se pierde por fugas, conexiones ilegales y vandalismo. En algunos países, el agua potable es altamente subsidiada para aquellos conectados al sistema, generalmente personas en una mejor situación económica, mientras que la gente pobre que no está conectada al sistema depende de vendedores privados costosos o de fuentes inseguras.

Los problemas de agua tienen una importante implicación de género. Con frecuencia en los países en desarrollo, las mujeres son las encargadas de transportar el agua. En promedio, estas tienen que recorrer a diario distancias de 6 kilómetros, cargando el equivalente de una pieza de equipaje, o 20 kilogramos. Las mujeres y las niñas son las que más sufren como resultado de la falta de servicios de saneamiento.
La mayor parte del agua dulce, aproximadamente el 70 por ciento del líquido disponible mundialmente se utiliza en la agricultura. Sin embargo, la mayoría de los sistemas de irrigación son ineficientes: pierden alrededor del 60 por ciento del agua por la evaporación o reflujo a los ríos y mantos acuíferos. La irrigación ineficiente desperdicia el agua y también provoca riesgos ambientales y de salud, tales como la pérdida de tierra agrícola productiva debido a la saturación, un problema grave en algunas áreas del sur de Asia; asimismo, el agua estancada provoca la transmisión de la malaria.

El consumo de agua en algunas áreas ha tenido impactos dramáticos sobre el medio ambiente. En áreas de os Estados Unidos, China y la India, se está consumiendo agua subterránea con más rapidez de la que se repone, y los niveles hidrostáticos disminuyen constantemente. Algunos ríos, tales como el Río Colorado en el oeste de los Estados Unidos y el Río Amarillo en China, con frecuencia se secan antes de llegar al mar.

Debido a que los suministros de agua dulce son el elemento esencial que permite la supervivencia y el desarrollo, también han sido, a veces, motivo de conflictos y disputas, pero a la vez, son una fuente de cooperación entre personas que comparten los recursos del agua. A la par del aumento de la demanda del líquido vital, las negociaciones sobre la asignación y administración de los recursos del agua son cada vez más comunes y necesarias.

Consejos para ahorra agua y dinero:

  • Instale en el tanque del inodoro tapas de jaleo para ahorrar de .5 a 1.5 galones por jalada.
  • Instale cabezas de regadera de flujo bajo.
  • Instale en su tanque del inodoro ciclos de llenado desviado para conservar hasta un galón por jalada sin que se note la diferencia.
  • Limítese a tomar duchas de cinco minutos o menos. Reduciendo el tiempo por un minuto puede ahorrar 2,000 galones al año.
  • Use únicamente su lavaplatos a su máxima capacidad. Desde 1990, la mayoría de los fabricantes de lavadoras fabrican máquinas de uso eficiente de agua, cuando se usan a su capacidad máxima, usando menos de 10 galones por lavada.
  • Considere reemplazar su lavadora por una lavadora de alta eficiencia. Usted puede ahorrar la mitad del consumo de agua y electricidad en cada lavada.
  • No utilice el chorro para lavar los vegetales, pues se desperdicia mucho líquido. Es preferible que use un envase donde los lave todos juntos. Luego puede utilizarla el agua que uso para regar las plantas.
  • No utilice la poceta como papelera, pues por cada descarga se gastan 30 litros de agua. Bote cenizas, pelusas y otros desperdicios en los recipientes destinados para tal fin.
  • Planifique la lavada de la ropa. Por cada carga en la lavadora se gastan 200 litros de agua, por lo que es mejor esperar a tener prendas suficientes para llenarla. Con la cantidad justa de detergente se gasta menos al enjuagar y se cuida el ambiente. Si el agua final no tiene jabón, puede usarla para regar las plantas o lavar los pisos.
  • Al cocinar, mida bien la cantidad de agua que necesita hervir. Si llena el recipiente más allá de lo necesario se derrochará el líquido sobre la cocina y mediante la evaporación. Si tapa la olla, hervirá más rápido, y recuerde apagar la llama apenas se complete la ebullición.
  • Ordene los platos y las ollas antes de fregarlos. Remoje y enjabone de una vez, con el grifo cerrado, y recuerde dejarlo sin goteos. Luego, enjuague todo junto. Puede asear los utensilios con menos jabón y lavarlos con agua tibia, si tiene la posibilidad, pues de esta manera se ahorra más.
  • Fomente en los miembros de la familia el hábito de cepillarse los dientes usando sólo un vaso de agua. Preservará 13 litros del vital líquido por ocasión y pagará menos al fin de mes. Recuerde cerrar el chorro mientras se enjabona las manos.
  • Lavar a mano es una de las actividades caseras en las que se gasta más agua, si no se tiene cuidado. Por eso, cuando lave la ropa, no deje correr el agua mientras restriega. Utilice una ponchera para enjabonar sus prendas de vestir, y luego enjuáguelas con el agua fresca que sale del chorro. Use el mismo procedimiento con los platos y los utensilios de cocina.
  • No sufra si su carro está sucio; puede lavarlo, pero hágalo con cautela. Utilice dos tobos, uno para enjabonar y otro para enjuagar. Si lo hace con manguera no olvide colocar una pistola reguladora, así no gastará más agua de la debida. Aproveche la oportunidad para limpiar el frente de su casa, con lo que matará dos pájaros de un sólo tiro.
  • Las medidas para ahorrar agua no serán productivas si se cumplen por una simple imposición del jefe del hogar. Es importante que se les explique a todos los habitantes de la casa el por qué del ahorro del preciado líquido. Los beneficios son varios: disposición de agua por más tiempo, cuenta menor por pagar también en recibos de electricidad y conciencia. ciudadan


El talón de aquiles del preservativo.La castidad y la fidelidad mucho más eficaces

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, acusó hace poco a la Iglesia de hipocresía en este tema en un encuentro organizado por el ministro de sanidad del país, informaba Reuters el 12 de marzo.

La agencia informaba también de la respuesta del cardenal Eugênio de Araújo Sales, arzobispo retirado de Río de Janeiro, en la que manifestaba los problemas que plantea el programa de preservativos del gobierno en un artículo de periódico. La política de distribución masiva de preservativos, escribía, promueve una cultura de promiscuidad sexual.

Una declaración publicada por la comisión episcopal de familia y vida de Brasil también rechazó las acusaciones de Silva. La comisión insistía en la necesidad de educar a los adolescentes en principios morales buenos.

Los gobiernos de muchos países favorecen cada vez más la amplia distribución de preservativos en un intento de reducir los embarazos adolescentes y la extensión de enfermedades sexuales. A principios de año, en Escocia, se distribuyeron preservativos a niños de 13 años, informaba el 16 de enero el Evening News de Edimburgo.

El periódico informaba que los datos obtenidos gracias a la Ley de Libertad de Información revelaban que en el 2005 se repartieron gratis un total de 56.638 preservativos a chicos entre 13 y 15 años en Edimburgo y en zonas limítrofes.

Simon Dames, portavoz de la Iglesia católica en Escocia, comentaba el programa, indicando la inconsistencia de la política del gobierno que prohíbe fumar a los menores de 18 años, y sin embargo promueve la actividad sexual distribuyendo preservativos a los que todavía no han alcanzado la edad de consentimiento, 16 años, para mantener relaciones sexuales.

En Estados Unidos, una declaración conjunta del cardenal Edgard Egan de Nueva York, y del obispo de Brooklyn, Nicholas di Marzio, criticó a las autoridades de la ciudad por distribuir preservativos gratis el día de San Valentín, Associated Press informaba el 16 de febrero.

La declaración de los obispos afirmaba que la única forma de protegerse contra las enfermedades de transmisión sexual es a través de la abstinencia antes del matrimonio y de la fidelidad después de él.

Los responsables sanitarios de Washington, D. C., también distribuyeron 250.000 preservativos en antes del Día de San Valentín, informaba el 16 de febrero el Washington Post.

La postura de la Iglesia justificada

Según el cardenal Javier Lozano Barragán, presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes Sanitarios, la abstinencia antes del matrimonio, al igual que la fidelidad entre los esposos, son con muchos los medios más eficaces para prevenir el Sida. El cardenal hizo estas observaciones en una conferencia sobre el sida en Roma, informaba Associated Press el 20 de diciembre.

Cada vez existen más evidencias que respaldan las declaraciones del cardenal. El 2 de marzo el Washington Post publicaba un amplio artículo examinando la experiencia con el sida de Botswana.

El periódico indicaba que algunos estudios apuntaban la práctica de tener sexo con múltiples parejas «como la fuerza más poderosa de propagación de una enfermedad asesina en un continente vulnerable».

El Washington Post citaba un informe de julio de expertos en Sida en la zona sur de África y de funcionarios que ponían «la reducción de parejas múltiples y ocasionales» como su primera prioridad para evitar la propagación del VIH. La región cuenta con el 38% de todos los infectados por VIH del mundo.

El artículo describía como Botswana ha seguido durante muchos años la política recomendada por los expertos internacionales de promover los preservativos y distribuir medicamentos antivirales. De nada ha servido. El índice de contagios por VIH en el país está entre los más acusados del mundo. Cerca del 25% de la población está actualmente infectada.

En Botswana nunca se han promovido seriamente campañas por la fidelidad, observaba el Washington Post, pero sí de preservativos. Se lanzó una campaña de 13,5 millones de dólares para promover el preservativo en el país, gracias al apoyo económico de la Fundación de Hill & Melinda Gates y a la empresa farmacéutica Merck. La suma gastada en la promoción de preservativos fue 25 veces superior a la gastada en programas de abstinencia.

«El aumento de índice del uso del preservativo no ha traído consigo un descenso en los índices de VIH», concluía el artículo. «Por el contrario, ambos índices han aumentado a la vez, hasta estar ambos entre los más altos de África».

Cambiar de comportamiento

Los expertos médicos están reconociendo cada vez más la importancia de modificar la forma de actuar de la gente, en lugar de programas basados en la distribución de preservativos.

El 11 de marzo de 2006, el British Medical Journal publicaba un artículo titulado: «Risk Compensation: The Achilles’ Heel of Innovations in HIV Prevention?» (Riesgo de Compensación: ¿El Talón de Aquiles de las Innovaciones en la Prevención del VIH?).

Escrito por un equipo encabezado por Michael Cassell, el artículo observaba que mientras las medidas farmacéuticas y otras pueden ayudar a reducir la extensión del VIH, pueden también inhibir el cambio a comportamientos más seguros al disminuir la percepción del riesgo entre las personas.

Las campañas de promoción de preservativos, combinadas con una reducción del riesgo percibido «pueden haber contribuido a aumentos en el uso no constante, lo que tiene un efecto protector mínimo, así como a un posible desprecio de los riesgos de tener múltiples parejas», comentaba el artículo.

Los autores también observaban que los estudios en algunos países occidentales muestran que la promesa de un aumento en el acceso a tratamiento antirretroviral «se ha asociado con un incremento significativo de los comportamientos de riesgo».

Antes de esta confirmación de la necesidad de cambiar de comportamiento sexual, ha habido un estudio llevado a cabo en la población rural de Zimbabwe entre 1998 y 2003. Un artículo titulado «Understanding HIV Epidemic Trends in Africa» (Entender las Tendencias Epidémicas del VIH en África), publicado el 3 de febrero del 2006 en la revista Science, informaba sobre los descubrimientos del estudio.

Los autores, Richard Hayes y Helen Weiss, escribían que se había logrado una reducción en el VIH gracias a los cambios en el comportamiento sexual. Los cambios implicaban retrasar el comienzo de la actividad sexual en los adolescentes y la reducción del número de compañeros sexuales ocasionales.

Un tema relacionado con el debate es la cuestión de la promoción de la abstinencia. Un artículo publicado en febrero en el Journal of Youth and Adolescence subrayaba las consecuencias negativas de comenzar las relaciones sexuales en una edad temprana.

El artículo, «Adolescent Sexual Debut and Later Delinquency» (Debut Sexual Adolescente y Delincuencia Posterior), de Stacy Armour y Dana Haynie, observaba que la cuestión de los efectos perjudiciales del sexo fuera del matrimonio es un punto de controversia sobre el debate de si promover o no la abstinencia. Hasta ahora, sin embargo, se ha investigado poco sobre el tema.

Armour y Haynie usaron datos del National Longitudinal Survey of Adolescent Health para examinar las interconexiones entre la edad de debut sexual y los problemas de delincuencia subsecuentes. El estudio cubría cerca de 12.000 estudiantes y los resultados se controlaron por variables como edad, raza y estructura familiar.

Entre las conclusiones del estudio estaba el descubrimiento de que la iniciación prematura de la actividad sexual aumenta el riesgo de delincuencia. Igualmente, retrasar la actividad sexual hasta más tarde «ofrece una efecto protector y reduce los riesgos de implicarse en la delincuencia subsiguiente». Los efectos negativos y positivos van más allá de la adolescencia y persisten en la edad adulta.

Una solución sostenible

La importancia de una solución basada en una visión completa de la persona humana fue el tema de un mensaje publicado por los obispos africanos para la última jornada mundial del sida el pasado 1 de diciembre.

El documento fue publicado por el Catholic Information Service for Africa, el 21 de noviembre, y firmado por el arzobispo de Abuja, Nigeria, presidente del Simposio de Conferencias Episcopales de África y Madagascar.

«Nosotros los obispos católicos de África animamos a todos a considerar las causas más profundas de la pandemia», declaraba. El problema no es sólo médico o técnico, sino que implica temas morales más profundos. Además del compromiso de la Iglesia de proporcionar cuidados sanitarios a quienes están enfermos, la declaración apuntaba la necesidad de predicar el mensaje del Evangelio.

«Puesto que la misión de la Iglesia es dirigirse a la persona completa en todas las dimensiones de la vida, sentimos la responsabilidad especial de revitalizar los sólidos valores morales de nuestras sociedades», añadía el documento. «Esto es lo que nos llevará a una solución verdadera y sostenible del sida en África».



Por el padre John Flynn



lunes, 3 de noviembre de 2008

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